La lista de Javier Aguirre para los amistosos contra Portugal y Bélgica nos vuelve a meter en la misma bronca de siempre. Dejar fuera a Diego Lainez, que anda volando con Tigres en la Liga MX, para traer de regreso a un Guillermo Ochoa de 40 años que ni olió la Copa Oro 2025. No es solo un tema de nombres, la neta. Es sobre cómo se va armando el rompecabezas para un Mundial 2026 que ya tenemos encima.
Aguirre fue tajante: lo de Lainez es por puro gusto técnico, nada de indisciplinas. "Si no está aquí es porque queremos ver a otros, nada más", soltó el Vasco. Y ojo, aclara que desde que llegó no ha habido broncas reales, solo detallitos —el típico celular que suena cuando no debe o un minuto de retraso en la comida—. Al final, hablar de un "cepillado" implica ignorar a otros 55 jugadores que tampoco volvieron.[1][3]
Pero en el fondo, esto nos dice mucho de lo que trae Aguirre en la cabeza. Prioriza evaluar en escenarios bravos. Para estos partidos busca perfiles que resuelvan rápido contra rivales de ese calibre. Lainez, con todo y su desequilibrio, se queda fuera para que el cuerpo técnico pruebe otras variantes. ¿Es visión a largo plazo o solo irse a lo seguro?
El planteamiento con Lainez: juventud en pausa
Aguirre no le cierra la puerta a nadie. Dice que no estar en esta lista no saca a Lainez del Mundial 2026.[5] Pero la decisión invita a pensar qué rol le tiene guardado. El chamaco rinde en Tigres, pero en el Tri le cuesta encajar en un sistema colectivo que no sea solo darle la pelota y ver qué inventa. ¿Dónde lo ve el Vasco? ¿Como el revulsivo que entra a romperla o como un titular fijo?
Pienso en la estructura. Un 4-3-3 normalito pide extremos que muerdan atrás y vuelen en las transiciones. Lainez es un crack en el uno contra uno, pero ¿qué tanto lee los movimientos cuando no tiene el balón? Parece que Aguirre prefiere calar a otros que ya le den esa superioridad numérica probada. No es que odie a los jóvenes. Es que prefiere ejecución sobre promesas.
El dilema es este. Lainez es el recambio generacional por excelencia, pero estos amistosos son para medir si el bloque aguanta los balazos. Dejarlo fuera significa que, por ahora, el sistema busca estabilidad en las bandas antes que jugársela al regate. Y uno se pregunta: ¿qué le falta a Diego para entrar? ¿Un interior que le limpie la zona o un lateral que le cuide la espalda?
En mi experiencia viendo videos de sus partidos, estos cortes responden a los matchups. Contra Portugal, que tiene laterales que suben y bajan como locos, quizás ocupe un extremo más posicional. Lainez brilla con espacios, pero ¿se cierra cuando el rival le dobla la marca? Aguirre lo está checando en vivo, no en los highlights del torneo local.
Ochoa de regreso: la veteranía en la portería
Paco Memo vuelve después de ver la Copa Oro 2025 desde la barrera. Aguirre lo pone al nivel de tipos como Márquez o Guardado.[1] A sus 40 años, el portero busca su sexta Copa del Mundo.[2] Todo apunta a que no es por pura nostalgia. Se trata de justificar un rol en un esquema que urge de liderazgo en el fondo. El portero no solo está para las fotos o para atajar. Organiza el bloque, lee la presión y da una salida limpia. Ochoa tiene eso: colmillo para ajustar sobre la marcha.
Pero chequemos la estructura. En un 4-2-3-1, el arquero es el que dicta el ritmo desde el primer toque. Ochoa, con un juego de pies más que probado, permite que el equipo no reviente la bola a la primera. Los porteros jóvenes a veces dudan en los balones parados o cuando los presionan arriba. Aguirre va con quien ya se sabe el librito completo.
Esto no le quita mérito a los que vienen atrás. Es simplemente elegir a quien mejor resuelva momentos de crisis. Ochoa le da calma al central que queda mal parado. Y en un partido de este nivel, eso pesa mucho más que tener ritmo de competencia en su club.
El dilema estructural: juventud versus experiencia
Aguirre se topa con el debate eterno. Lainez es la chispa dinámica; Ochoa es la experiencia que ya se las sabe todas. El escenario son amistosos, pero el fondo es el Mundial. ¿Qué busca el Vasco? Un híbrido que funcione, pero basado en lo que cada uno aporta al grupo.
Primero está el planteamiento. El cuerpo técnico arma bloques para probar cómo reaccionan ante la presión europea. Dejar a Lainez fuera sugiere que buscan extremos con más sacrificio defensivo. Ochoa entra para que la salida no sea un caos, algo clave hoy en día. No es fe ciega en los "viejos". Es saber dónde falta orden.
Piensa en las superioridades. Con Memo, los centrales ganan segundos valiosos para salir jugando. Sin Lainez, tal vez un interior como Bryan González —que también quedó fuera pero sigue en el radar— tenga que pelear esos espacios por dentro.[5] El Vasco no borra a nadie, solo está moviendo sus piezas para estos 90 minutos.
Pero hay un riesgo real. Si a los chavos no los calas en estos partidos de alto nivel, ¿entonces cuándo? Lainez ocupaba medirse contra los portugueses para ver de qué cuero salen más correas. Ochoa ya no tiene nada que demostrar ahí. La decisión deja la competencia abierta, pero se nota que Aguirre prefiere lo que ya conoce. ¿Falta de visión? No creo. Es pragmatismo puro.
Me ha tocado ver técnicos en fuerzas básicas que hacían lo mismo. Probar a 55 para quedarse con 26. Aguirre está en esa etapa. No es un capricho. Es estructura.
¿Dónde se rompe el balance?
El punto donde todo se tuerce es la explicación. Aguirre jura que no hay castigos ni temas de disciplina.[3][4] Mencionó lo de Huescas en Dinamarca como el único caso ajeno, y eso fue para no quemarlo. Fuera de eso, el vestidor está limpio. Entonces lo de Lainez es futbolístico. Punto.
Pero en la táctica, las ausencias dicen más que las presencias. Sin Diego, el ataque por derecha va a ser otra cosa. Quizás Aguirre quiere un 4-4-2 más ordenadito o un 3-5-2 donde Ochoa sea el que mande desde la cueva. Estos partidos van a cantar la zona. La ausencia no es un castigo, es una pausa para ver cómo camina el equipo sin él.
Ochoa justifica su regreso por el momento y por lo que representa. A los 40, su chamba es específica: juegos grandes y ajustes en vivo. Los porteros que vienen empujando tendrán su chance en la Nations League. Así se equilibra la balanza.
Lo que pocos ven es el patrón de Aguirre. Valora a los que saben ajustar en el segundo tiempo, pero aquí está ajustando desde la convocatoria. Prefiere bloques medios contra la presión alta que tiran los europeos. Lainez, que es más de transiciones largas, tendrá que esperar su ventana.
Ajustes que definen el camino
En el segundo tiempo de estos juegos estará la clave. Si México se hace bolas en la salida, lo de Ochoa se va a ver como un acierto total. Si nos falta desborde por las bandas, nos vamos a acordar de Lainez cada cinco minutos. El Vasco no cierra puertas: "No los saca del Mundial", repite.[5]
Pero el ajuste ya se ve en el papel. Traer a Memo es querer un bloque bajo que no tiemble. Dejar a Lainez es probar si los interiores o carrileros aguantan el trote europeo. Es jugar el partido antes del silbatazo inicial. Contra Portugal, con o sin Cristiano en la cancha, lo que se necesita es orden atrás.
Para mí, esto hace más fuerte al grupo principal. Tener seguridad en la portería te permite arriesgar un poco más arriba. La juventud como la de Lainez entrará cuando el sistema ya esté bien aceitado. No es un problema sin solución. Es cuestión de pasos: primero la base, luego el adorno.
Habrá que ver cuántos minutos les dan. Si Ochoa juega y cumple, se acaba el debate. Si Lainez la sigue rompiendo en Tigres mientras los otros fallan, la próxima lista va a ser muy diferente. Aguirre ajusta sobre la marcha. Eso se le reconoce.
Lo que deja esta convocatoria
Este movimiento no es un cheque en blanco para los veteranos ni falta de lentes para ver el futuro. Es pragmatismo puro para que el barco no se hunda cuando llegue el Mundial. Ochoa pone el orden en la última línea; Lainez tendrá que pelear su lugar en lo que viene.
Pero queda la duda en el aire. ¿Cuántas pruebas más faltan antes de que el recambio generacional sea una realidad y no solo una promesa? México necesita esa chispa joven, pero con orden. Aguirre lo sabe perfectamente. Estos partidos son para ver si el balance llega a tiempo.
El marcador al final será lo de menos. Lo que realmente importa es la estructura que se vea en la cancha. Y ahí, el Vasco lleva ventaja: sabe leer el juego desde atrás, como lo ha hecho siempre.

