El Atlético de San Luis terminó el torneo sin rumbo y fuera de la Liguilla. El diagnóstico es evidente: el equipo no solo necesita técnico, necesita una idea. Sin embargo, la conversación pública se ha reducido a nombres propios, y ahí aparece Nicolás Larcamón como uno de los candidatos más mediáticos.
El argentino tiene argumentos. Su paso por la Liga MX lo respalda como un entrenador capaz de potenciar plantillas limitadas, con un estilo ofensivo y una identidad clara. Pero en San Luis, el contexto pesa más que el currículum.
Una baraja más abierta de lo que parece
La narrativa de “favorito” no es tan clara. Dentro del club, el perfil de Diego Mejía ha ganado fuerza por su conocimiento del proyecto y su vínculo con la estructura del grupo Atlético de Madrid. Martín Anselmi también aparece como opción, lo que confirma que la decisión no está cerrada.
Eso cambia la lectura: Larcamón no es el elegido, es parte de una terna. Y en ese escenario, el estilo deja de ser el único factor. La gestión de vestidor, la adaptación al modelo institucional y la capacidad de sostener procesos se vuelven determinantes.
El problema no es el técnico
San Luis ha cambiado de entrenadores sin lograr estabilidad. El equipo cerró el torneo lejos de la fase final, arrastrando inconsistencias que no se explican solo desde el banquillo. La falta de continuidad en el proyecto deportivo ha sido una constante.
Contratar a Larcamón —o a cualquier otro— sin modificar esa base es repetir el ciclo: ilusión inicial, resultados irregulares y nuevo cambio en pocos meses. La historia reciente del club apunta en esa dirección.
Decidir algo más que un nombre
El siguiente técnico no debería ser elegido por su estilo atractivo o su popularidad. San Luis necesita una figura que encaje en un plan de largo plazo, respaldado desde la directiva y sostenido más allá de una racha de resultados.
Larcamón puede ser una pieza interesante, pero no es la solución por sí misma. En una liga donde los proyectos pesan más que los nombres, la decisión real no está en quién se sienta en el banquillo, sino en qué hay detrás de él.

