Fue una tarde de locos en París. Alexander Zverev por fin se quitó la espina y se coronó en el Abierto de Francia tras vencer al italiano Flavio Cobolli. Ya le tocaba. Este triunfo marca el primer título de Grand Slam para el alemán, quien llevaba años instalado en la élite pero se le negaba el trofeo grande.
No fue un día de campo. Zverev tuvo que aguantar los nervios y el asedio del italiano para terminar imponiéndose con un marcador de 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5) y 6-1. Llegó a su cuarta final de esta magnitud —esa presión que ya conoce de sobra— y esta vez no dejó escapar la oportunidad de grabar su nombre en la historia.
El desarrollo del partido
La cosa arrancó muy bien para "Sascha", quien dominó el primer set con un 6-1 que parecía definitivo. Su saque estaba finísimo. Todo apunta a que su precisión en los golpes de fondo fue lo que descolocó a Cobolli desde los primeros minutos del encuentro.
Pero el italiano no se achicó. En el segundo parcial, Cobolli le encontró la vuelta al partido y puso las tablas con un 4-6. Supo aguantar los bombazos y aprovechó los pocos parpadeos del alemán para mantenerse con vida.
Zverev retomó el mando en el tercero con un 6-4. Manejó los tiempos. Se notó que las finales perdidas en el pasado le sirvieron de algo para no perder la cabeza en los puntos clave, gestionando el desgaste físico de manera inteligente.
Un cuarto set de infarto
Lo del cuarto set fue una auténtica joya de tenis. Los dos se dieron con todo hasta llegar a un tiebreak que Cobolli se robó por 7-6 (5). Fue un toma y daca constante que reflejó el hambre de ambos por levantar la Copa de los Mosqueteros.
Cualquiera se hubiera caído anímicamente después de perder un set así. Zverev no. Esa capacidad de respuesta inmediata es la que termina definiendo a los que están hechos para ser campeones.
El set decisivo
Y entonces llegó el quinto. Zverev simplemente pasó la aplanadora con un 6-1 rotundo. Aquí la diferencia de kilometraje y preparación física fue evidente; Cobolli, aunque peleó cada bola, ya no pudo seguirle el ritmo al alemán.
Al final, el grito de victoria y los brazos al cielo en la Philippe-Chatrier lo dijeron todo (hace mucho que no se le veía tan conmovido). El público francés se rindió ante él con una ovación de pie mientras el nuevo campeón asimilaba lo que acababa de conseguir.
Un logro esperado
Este trofeo en Roland Garros premia la terquedad de Zverev. Ha aguantado críticas de todo tipo y lesiones feas, pero siempre volvió a la cancha con la intención de aprender de cada tropezón.
Se decía que era el eterno heredero al trono y hoy por fin se sentó en él. Su temple bajo presión fue brutal. Seguramente este triunfo va a cambiar la narrativa sobre su carrera de aquí en adelante, dándole esa jerarquía que solo tienen los ganadores de Grand Slam.
Conclusión
Zverev ya es campeón en París y el mensaje para el resto del circuito es fuerte: el gigante despertó. Habrá que ver si este éxito le sirve de trampolín para dominar el resto de la temporada o si la presión de defender el puesto le juega en contra.
¿Será este el inicio de una racha ganadora en los grandes o solo un respiro en la era post-Big Three? Por ahora, el alemán puede dormir tranquilo sabiendo que su legado ya tiene el cimiento más importante de todos.
