El nombre de Matías Almeyda volvió a aparecer en el momento exacto: cuando Cruz Azul se quedó sin entrenador y necesita redefinir su proyecto. Pero su posible llegada no es tan directa como parece.
El técnico argentino ha tenido contactos iniciales con la directiva celeste, en un contexto donde el club busca estabilidad tras la salida de Nicolás Larcamón. Sin embargo, la decisión no está en La Noria, al menos no del todo.
Un paso previo que condiciona todo
Antes de aceptar cualquier propuesta en México, Almeyda tiene claro su siguiente movimiento: hablar con Amaury Vergara. No se trata de una formalidad contractual, sino de un gesto ligado a su pasado con Chivas, donde construyó uno de los procesos más sólidos de la última década.
Ese vínculo, más emocional que deportivo, introduce un matiz poco común en el mercado de entrenadores. Mientras Cruz Azul busca cerrar rápido, el argentino prioriza no romper una relación que sigue vigente fuera de la cancha.
Cruz Azul busca algo más que un técnico
La urgencia del club celeste es evidente. Tras un torneo competitivo pero sin consolidación, la directiva apunta a un perfil que no solo compita, sino que ordene un proyecto. En ese escenario, Almeyda encaja por su historial: equipos intensos, identidad clara y capacidad para reconstruir vestidores.
Pero no es el único interesado. Monterrey también ha mostrado acercamientos, lo que convierte la decisión en una disputa abierta más allá de lo económico.
Un escenario todavía abierto
Hoy, el futuro de Almeyda no está definido. No hay acuerdo cerrado ni negociación avanzada. Solo contactos, interés y una condición que cambia el ritmo de todo el proceso.
Si esa conversación en Guadalajara se concreta y abre la puerta, entonces sí, Cruz Azul podrá acelerar. Hasta entonces, el fichaje más atractivo del mercado sigue en pausa.

