Las Águilas del América se están hundiendo en una crisis que ya raya en lo histórico este Clausura 2026. André Jardine camina sobre la cuerda floja tras derrotas que calan hondo, como ese 2-1 ante Juárez en casa donde les clavaron el gol al 93'.[1][7] Ya no asustan a nadie.
El equipo, un tricampeón que se devaluó de golpe, muestra un desorden total y está fuera de zona de Liguilla tras nueve jornadas. La recta final se ve color de hormiga con rivales de peso y broncas internas que amenazan con cortar el proceso del brasileño.[2][3]
El peor arranque desde la llegada de Jardine
En nueve partidos, el América apenas suma nueve goles. Es el tercer peor ataque de la Liga MX y eso es una mentada para su historia.[2] Se fueron en blanco las tres primeras jornadas. Y ahora, para colmo, ligan dos derrotas consecutivas.
Tras 12 fechas, el saldo es de dar miedo: 5 triunfos, 2 empates y 5 derrotas, rascando apenas 17 puntos en el octavo lugar.[3] No están ni en el Top 8 real a mitad del torneo; las Águilas están dando bandazos para no hundirse más.[2]
La derrota ante Juárez en el Estadio Ciudad de los Deportes fue el fondo del barril. Gol al 93' y una rechifla monumental de la afición. Malagón se llevó los reclamos —aunque sea injusto— pero la realidad es que el desorden es de todo el grupo.[1][7]
Problemas ofensivos que no terminan
El ataque es el talón de Aquiles. Sin Quiñones, el tipo que les daba equilibrio en el tricampeonato, el vacío es enorme.[2] Si a eso le sumas las lesiones de Martín y Zendejas, tienes la tormenta perfecta.
Martín fue tajante tras perder el Clásico Nacional 1-0 contra Chivas: "Nosotros seguimos el sistema de juego, pero no estamos siendo contundentes".[2] Jardine, por su parte, no se escondió: "La pregunta de la falta de gol debe ser para mí".[2]
El equipo genera poco y nada. Chispazos aislados y sin conexión. Parecen una Torre de Babel en la cancha.[1] Habrá que ver cuánto más aguantan sin un delantero que realmente meta miedo.
Tensiones internas y bajas inesperadas
El vestidor está que arde. Hay versiones —muy fuertes, por cierto— de que varios jugadores ya le soltaron la mano a Jardine.[3] Tras caer 1-0 ante Pumas en la Jornada 12, que fue su tercera caída en cinco juegos, el ambiente se puso insoportable.[3]
Se fue Paulo Victor, el auxiliar, y para rematar se hizo oficial la salida de Álvaro Fidalgo al Betis.[7] Es el fin de una era en el peor momento posible.
Todo apunta a que Jardine sabe que está en la tablita, aunque diga que no hay crisis y solo admita: "Estamos en un problema".[6] Las lesiones no lo han dejado poner a sus mejores hombres desde que empezó el torneo, pero ¿es eso o ya se le acabó el libreto?[6]
La pizarra del brasileño hoy parece un jeroglífico. Hay desorden, displicencia y mucha soledad en el campo.[1]
La recta final: rivales duros y el reloj en contra
Quedan cinco jornadas y el calendario es de terror: vienen Toluca y Cruz Azul, los que mandan en el torneo.[3] Olvídense del Top 3; si entran a Liguilla, será de visitantes y sufriendo.[3]
Jardine se la juega. O gana la Concachampions o prepara las maletas.[1] El sueño del tricampeonato se está muriendo en agonía.[1]
Lo de la Jornada 9 ante Juárez fue un aviso que no escucharon.[7] Pero la baja de Víctor Dávila por una lesión grave en la rodilla terminó por hundir los ánimos.[7] Malas noticias en una fortaleza que ya no impone respeto.
Analistas ven al equipo hundido.[4]
Conclusión
La crisis en Coapa es una realidad, por más que Jardine intente matizarla. Hay un desorden táctico evidente y el vestidor parece fracturado.[1][2][3] Pero lo que de verdad está pesando es cómo se desarmó la columna vertebral del equipo; sin Quiñones ni Fidalgo, el América perdió el alma.[2][7]
¿Les alcanzará para un milagro en estas cinco fechas o veremos rodar cabezas? La afición ya dictó sentencia y este Clausura 2026 será el juicio final.[6]


