Hay una estadística que dice más que cualquier crónica de gol: en cuatro jornadas del Apertura 2026, el América solo ha recibido un balón en su portería. No es la cifra de un equipo que gana por rachas o por inercia; es la de un equipo que ha decidido no dejar nada al azar. Con el 3-0 sobre Atlético San Luis del fin de semana, las Águilas llegaron a 10 puntos y a una diferencia de goles de +7, la mejor de la liga, suficiente para sostenerlas en la cima por encima de Tijuana, que las igualó en puntos pero se quedó corto en ese desempate con un +4.
El dato incomoda por lo que revela: América no solo gana, gana sobrando. Y lo hizo, otra vez, sin su plantilla titular. Guillermo Almada movió el once para dosificar cargas de cara a la Leagues Cup y aun así los suplentes resolvieron: Gerardo Veiga abrió el marcador al 26', Óscar Perea —en su debut como titular en casa— amplió al 52' tras un centro de Diego Arriaga, y el propio Arriaga cerró la goleada al 65' con asistencia de Veiga. Tres nombres que no son la primera línea de ataque azulcrema firmando una goleada de visitante ilustre convertido en local dominante.
El primer gol dejó, sin embargo, una mancha que en Culiacán o en San Luis Potosí no pasó desapercibida: Dagoberto Espinoza controló el balón con el brazo antes de habilitar a Veiga, una infracción clara que el VAR decidió no revisar. El árbitro Maximiliano Quintero sí acudió a la pantalla minutos después, pero para anular —correctamente— un gol de Perea por una mano inexistente. La asimetría en el rigor arbitral es ya una costumbre incómoda en la Liga MX, y esta vez benefició al líder.
Un invicto que ya es histórico
Más allá del resultado, hay un dato de fondo: con este triunfo, Almada acumula siete partidos sin perder al frente de América —cinco victorias y dos empates—, su mejor arranque desde que llegó al club. Lo ha logrado, además, sin poder contar con Alejandro Zendejas, que necesita al menos tres semanas más para recuperarse, ni con Raúl Zúñiga o Víctor Dávila, ambos fuera de las canchas. Un equipo que gana con las piezas de repuesto no está de racha; está construyendo un fondo de armario que le permite competir en dos frentes —liga y Leagues Cup— sin sacrificar puntos.
Detrás de América, la persecución también dejó una imagen que va a dar de qué hablar en las próximas semanas. Tijuana venció 2-1 a Cruz Azul en un partido resuelto por un futbolista de 17 años. Ignacio Rivero adelantó a los Xolos al 44' con asistencia de Gilberto Mora; Cruz Azul empató casi de inmediato, al 45+1, por conducto de Nico Ibáñez; y fue el propio Mora quien, al 54', definió con un remate cruzado que ya se describe como "golazo" en las crónicas de la frontera. Gol y asistencia de un adolescente que cada semana acumula más argumentos —y más rumores de interés europeo— para pensar que su tiempo en la Liga MX es limitado. Tijuana igualó los 10 puntos de América; le faltaron, apenas, tres goles de diferencia para arrebatarle el liderato en la tabla.
Chivas, la victoria que no resuelve nada
El contraste con Guadalajara no podría ser más nítido. Chivas venció 1-0 a Santos Laguna en el Estadio TSM de Torreón gracias a un penal que Ricardo Marín transformó tras una falta sobre Santiago Sandoval, y aun con el triunfo se quedó en la novena posición, con 7 puntos, a tres del liderato y fuera de los ocho lugares que dan acceso directo a la Liguilla. Ganar y seguir fuera: esa es, en una frase, la temporada de Gabriel Milito hasta ahora.
El desempeño, según reportes desde Torreón, fue "pésimo" pese al resultado, y llegó después de una racha irregular que resume bien la crisis de identidad rojiblanca: derrota ante Toluca, victoria sobre FC Juárez, empate frente a Puebla y, en medio, la eliminación en la Leagues Cup. El triunfo ante un Santos que llegaba con tres derrotas consecutivas sirvió, más que para escalar posiciones, para "calmar las aguas" en una afición que empieza a impacientarse con Milito, un entrenador que llegó con el mandato explícito de devolverle un título al club y que, cuatro jornadas después del arranque del torneo, todavía no logra que los resultados coincidan con las expectativas.
Hay una ironía adicional en el calendario: en la próxima jornada, Chivas recibirá justamente a Tijuana, el equipo que hoy pelea de tú a tú con América por la cima. Para Guadalajara será una oportunidad de medir qué tan lejos está realmente de la conversación por el liderato, o una nueva confirmación de que ganar partidos sueltos no equivale todavía a construir un equipo de Liguilla.
Lo que viene
América visitará la siguiente fecha con la ventaja de un colchón que no es solo de puntos, sino de argumentos: la mejor defensa del torneo, un plantel que rinde incluso sin sus titulares y un entrenador que ya tiene su mejor racha en el cargo. Tijuana, con Mora como su activo más valioso y más frágil —cada partido bueno es también un partido que acerca su salida—, deberá sostener el ritmo sin margen de error si quiere seguir presionando al líder. Y Chivas, atrapada entre resultados que no convencen y una tabla que no perdona, llega a la Jornada 5 con la obligación de demostrar que el domingo ante Santos fue el inicio de algo y no solo un paréntesis.
