Andy Ruiz Jr. hizo prácticamente todo lo que se suponía debía hacer antes de regresar al ring. Bajó hasta 254.3 libras, su peso más bajo desde 2018, volvió a trabajar con Manny Robles y llegó a Newark hablando nuevamente de campeonatos mundiales. Después de más de dos años sin pelear, la preparación parecía diseñada para demostrar que aquella carrera que comenzó a desvanecerse después de conquistar el mundo en 2019 todavía tenía un capítulo importante por delante.
Damian Knyba terminó convirtiendo esa historia en algo completamente distinto. El polaco derrotó a Ruiz por decisión unánime después de 12 rounds en el Prudential Center, con tarjetas de 117-110, 114-113 y 114-113, y consiguió además mandar al excampeón a la lona durante el séptimo asalto. Más que una derrota aislada, el resultado vuelve a colocar sobre Ruiz una pregunta que llevaba varios años persiguiéndolo: si realmente queda tiempo para construir otra carrera hacia un campeonato mundial.
El mexicano intentó recuperar terreno durante algunos momentos de la segunda mitad, pero pasó demasiados minutos persiguiendo a un rival que utilizó su estatura, alcance y jab para mantener la pelea en la distancia que más le convenía. Ruiz necesitaba entrar, plantar los pies y lanzar las combinaciones rápidas que históricamente han sido su principal arma. Knyba, en cambio, hizo lo suficiente para impedir que eso ocurriera con continuidad.
La caída del séptimo round cambió la noche
El momento más complicado llegó en el séptimo asalto. Knyba conectó una combinación que hizo perder estabilidad a Ruiz y terminó enviándolo a la lona. El mexicano consiguió levantarse, pero la caída cambió definitivamente la lectura de un combate que hasta entonces todavía podía imaginarse cerrado.
Ruiz respondió durante los siguientes rounds e incluso consiguió abrir un corte cerca del ojo izquierdo del polaco. Fue su mejor tramo de la pelea y mostró que todavía existía capacidad para reaccionar cuando lograba acortar la distancia. Sin embargo, Knyba recuperó el control durante la recta final utilizando nuevamente el jab y evitando intercambios prolongados en corto.
Dos jueces terminaron viendo una pelea mucho más ajustada y otorgaron tarjetas de 114-113, mientras el tercero marcó 117-110. El resultado oficial fue unánime y dejó a Knyba con la victoria más importante de su carrera, precisamente utilizando el nombre de Ruiz para recuperar impulso después de su derrota anterior.
El peso cambió, pero no solucionó todos los problemas
Las 254.3 libras habían sido una de las noticias más alentadoras antes de la pelea. Ruiz pesó 274.5 para enfrentar a Jarrell Miller en agosto de 2024, por lo que apareció más de 20 libras por debajo para este regreso. El mexicano no llegaba tan ligero a un combate desde 2018, antes incluso de convertirse en campeón mundial.
Eso tenía un significado especial porque la condición física ha acompañado prácticamente cada etapa de su carrera desde la primera victoria sobre Anthony Joshua. Ruiz reconoció en diferentes momentos que perdió disciplina después de convertirse en campeón y llegó a la revancha con Joshua en diciembre de 2019 con 283.5 libras, una cifra que terminó convirtiéndose en símbolo de todo lo que salió mal durante aquella preparación.
En Newark ocurrió lo contrario. Ruiz apareció en buena condición y consiguió completar los 12 rounds, pero la báscula por sí sola no podía recuperar el ritmo competitivo perdido durante años de poca actividad. Contra un rival largo y disciplinado, la velocidad de manos apareció en momentos aislados en lugar de convertirse en el factor dominante de la pelea.
Manny Robles tampoco pudo reconstruir de inmediato al campeón de 2019
El regreso de Manny Robles había aumentado todavía más las expectativas. Robles era el entrenador de Ruiz cuando el mexicano sorprendió a Joshua en el Madison Square Garden en junio de 2019, levantándose después de visitar la lona para derribar cuatro veces al británico y convertirse en campeón mundial de peso completo.
Siete años después, la situación es completamente distinta. Ruiz ya no es el contendiente desconocido que llega sin presión a una oportunidad inesperada. Es un excampeón de 36 años cuya actividad ha sido mínima durante buena parte de la última etapa de su carrera.
Desde la revancha con Joshua solamente ha peleado ante Chris Arreola, Luis Ortiz, Jarrell Miller y ahora Knyba. Eso significa que, en casi siete años, Ruiz acumuló apenas cuatro combates. El problema dejó de ser solamente quién lo entrena o cuánto pesa: también está relacionado con la continuidad necesaria para mantener velocidad, distancia y decisiones al nivel de los principales pesos completos.
Ruiz insiste en que todavía quiere continuar
Después de la derrota, Ruiz no habló de retiro. Por el contrario, aseguró que quiere volver a pelear y atribuyó parte de sus dificultades al estilo de Knyba, que utilizó su tamaño y el clinch para impedir que pudiera lanzar combinaciones cuando conseguía acercarse.
La voluntad del mexicano, sin embargo, es solamente una parte de la ecuación. Antes de esta pelea todavía era posible vender su regreso como el comienzo de una última carrera hacia el campeonato. Después de perder contra Knyba, ese camino tendrá que comenzar varios escalones más abajo.
Una pelea más no sería difícil de conseguir porque el nombre de Andy Ruiz conserva valor comercial. Lo complicado será encontrar una ruta deportiva que vuelva a colocarlo frente a los mejores de la división. A los 36 años, cada pelea utilizada para reconstruirse consume también parte del tiempo disponible.
La pregunta ya no es cuándo volverá a pelear por el título
Ruiz siempre tendrá 2019. Su victoria sobre Joshua seguirá siendo una de las grandes sorpresas de la historia moderna del boxeo y garantiza que cualquier regreso del mexicano genere atención. Pero el recuerdo de aquella noche no puede resolver lo que ocurre actualmente dentro del ring.
Knyba necesitaba utilizar a Ruiz para demostrar que podía recuperarse y lo consiguió. El mexicano necesitaba demostrar exactamente lo contrario: que todavía podía superar a un rival de ese nivel como primer paso hacia peleas mayores.
Ahora la conversación cambia. Antes de pensar nuevamente en un cinturón mundial, Andy Ruiz tendrá que demostrar que todavía puede construir una racha de victorias. Después de caer en Newark, su regreso ya no parece el comienzo de una última carrera hacia el título, sino una prueba para descubrir si esa carrera todavía existe.
