El Atlético de Madrid pasó más tiempo resistiendo que dominando, pero aun así salió de El Sadar con tres puntos que todavía le permiten mirar de reojo la tercera plaza de LaLiga. La victoria por 1-2 ante Osasuna no fue brillante ni cómoda. Fue una de esas noches donde el equipo de Diego Simeone tuvo que sostenerse desde la tensión, el oficio y la contundencia.
La escena tenía un peso especial desde antes del silbatazo inicial. Antoine Griezmann disputó su partido 499 con la camiseta rojiblanca, una cifra que explica buena parte de la última década del club. No necesitó marcar para influir en el juego. Participó en la acción que derivó en el penalti del primer gol y volvió a ser el futbolista que conecta cada transición ofensiva del Atlético.
El encuentro se abrió temprano. Ademola Lookman convirtió desde los once pasos después de una revisión del VAR tras una mano de Javi Galán dentro del área. El gol no tranquilizó del todo al Atlético, porque Osasuna respondió rápido desde la intensidad y el juego directo. Budimir tuvo oportunidades claras y el conjunto navarro logró empujar al Atlético hacia su propio campo durante varios tramos del partido.
Una victoria sostenida desde el desgaste
El equipo de Simeone nunca encontró control total del encuentro. El mediocampo sufrió para contener el ritmo de Osasuna y Musso apareció en momentos clave para sostener la ventaja mínima. La sensación era clara: el Atlético estaba sobreviviendo más que imponiéndose.
Por eso el segundo gol terminó siendo decisivo. Alexander Sørloth apareció en el segundo poste para empujar un centro desviado de Marcos Llorente y darle aire a un equipo que comenzaba a resentir físicamente el partido. El delantero noruego volvió a responder en un escenario donde el Atlético necesitaba eficacia más que volumen ofensivo.
La expulsión de Llorente cambió el cierre. Con uno menos, el Atlético se replegó definitivamente y Osasuna encontró premio con el descuento de Kike Barja en el tiempo añadido. El Sadar empujó hasta el final, pero los rojiblancos lograron sostener la ventaja en un tramo de partido mucho más emocional que futbolístico.
Griezmann y una despedida cada vez más cercana
El contexto alrededor de Griezmann también atravesó el partido. Mientras el francés se acerca a los 500 encuentros con el Atlético, el cierre de ciclo empieza a sentirse inevitable. Simeone volvió a respaldarlo públicamente y el Metropolitano se prepara para lo que podría convertirse en una de las últimas grandes noches del delantero con la camiseta rojiblanca.
Más allá del homenaje implícito, la victoria también deja algo más concreto: el Atlético sigue vivo en la pelea por terminar tercero y evita cerrar la temporada con una sensación de caída total. No fue una actuación dominante. Fue una victoria incómoda, sufrida y mucho más cercana al ADN competitivo del equipo que a cualquier exhibición estética.
