El 16 de julio de 2026, el artículo 35 del nuevo Reglamento de Competición de la Liga MX dejó de ser un rumor de vestidor para convertirse en letra oficial: ningún equipo de Primera División descenderá a la Liga de Expansión "a partir de la temporada 2026-2027", ni ningún club de Expansión ascenderá por méritos deportivos. Una semana después, en el arranque del Apertura 2026, los 22 futbolistas de Mineros de Zacatecas y Correcaminos se pusieron de acuerdo sin necesidad de reunión de prensa: durante el primer minuto del partido, dejaron de competir. Pases sin intención, jugadores inmóviles. Fue, según se leyó en las crónicas de ese día, la imagen más clara de un malestar que la federación llevaba meses tratando de sofocar con reglamentos.
A ese ruido —protesta simbólica en cancha, apelación rechazada por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS/CAS), diez clubes de Expansión denunciando formalmente la violación al "principio fundamental del mérito deportivo"— fue al que Emilio Azcárraga Jean decidió responder. Lo hizo el 19 de agosto, en entrevista con TUDN para el programa Línea de 4, con la autoridad que le da ser dueño del club más poderoso del país: "Yo estoy a favor del ascenso y del descenso", dijo. Y añadió el argumento de manual que cualquier aficionado repetiría de memoria: "competitivamente es importante para no estar cómodos".
Un aval que llega después del daño
El problema de la declaración de Azcárraga no es lo que dice, sino cuándo lo dice y con qué condiciones. Habla a favor del ascenso y descenso en el mismo mes en que la FMF terminó de sepultar, por la vía reglamentaria, cualquier posibilidad de que regrese en el corto plazo. Y lo hace, además, después de que el sistema ya produjo sus propias víctimas verificables: Atlante y Leones Negros de la Universidad de Guadalajara obtuvieron en 2024 la certificación deportiva y de infraestructura que la propia federación les exigió para poder subir. Cumplieron. Se les negó la oportunidad de todos modos.
Alberto Castellanos, presidente de Leones Negros, no matizó cuando le tocó describir lo ocurrido: "Fue una puñalada trapera, una traición brutal". El club, dijo, nunca recibió los apoyos económicos que se habían prometido para sostener el salto a Primera, solo una "contraprestación" a cambio de lo que le estaban quitando. La cifra que quedó en el aire desde el principio de esta historia —240 millones de pesos en apoyo a los equipos de la segunda categoría, financiados con multas a los últimos lugares de la tabla general— nunca terminó de materializarse como se anunció.
La promesa de cinco años que se volvió definitiva
Vale la pena recordar el punto de partida, porque explica por qué la palabra de un dueño de club, por poderoso que sea, ya no basta para calmar a nadie en la Liga de Expansión. En abril de 2020, en plena pandemia, Enrique Bonilla —entonces al frente de la Liga MX— anunció la suspensión del ascenso y descenso como medida "temporal", con un horizonte de cinco años. Ese plazo se cumplía, en teoría, en 2025. En cambio, Mikel Arriola, hoy comisionado de la FMF, firmó en 2026 el reglamento que convierte la pausa en cancelación permanente. Lo que se vendió como una tregua de emergencia terminó siendo, en los hechos, el cierre de una puerta.
Es sobre ese telón de fondo que hay que leer la parte más honesta de la entrevista de Azcárraga, la que sus propias palabras dejan sin resolver. Cuando TUDN le preguntó por qué México no puede replicar lo que sí funciona en España, Inglaterra o Portugal, el dueño del América no ofreció una hoja de ruta: ofreció un diagnóstico sin salida. "No se ha logrado consolidar esa liga de segunda división sólida", admitió, y fue más allá: "hoy yo sí siento que esa viabilidad económica es bien difícil para abajo y para arriba". Es, dicho de otro modo, el mismo argumento económico que la federación ha usado para justificar cada aplazamiento desde 2020, solo que pronunciado por alguien que se presenta como defensor del mérito deportivo.
Condiciones que nadie ha empezado a construir
Azcárraga fue específico sobre lo que, a su juicio, tendría que resolverse antes de que el ascenso y descenso pudiera regresar: certificación de estadios, validación de instalaciones de entrenamiento y, sobre todo, derechos de transmisión sólidos para que un equipo recién descendido no se desplome económicamente al perder el ingreso televisivo de Primera División. Son, en el papel, condiciones razonables. En la práctica, son exactamente los requisitos que Atlante y Leones Negros ya satisficieron —y que no les sirvieron de nada frente a una decisión tomada en otra mesa, sin ellos.
Ahí está la tensión real de este momento del futbol mexicano, más allá de la frase que se va a repetir en las portadas: el dueño de la franquicia más rentable del país puede permitirse estar "a favor" de un sistema que, tal como está diseñado hoy, no beneficia en nada a su club ni a ningún equipo instalado en Primera. La permanencia de los 18 clubes de Liga MX está garantizada por reglamento, independientemente de sus resultados deportivos. Ese blindaje no lo tienen los clubes de Expansión, que siguen esperando —ahora con una resolución del TAS en contra— una fecha que nadie en la estructura del futbol mexicano se ha comprometido a poner por escrito.
Lo que viene
La FMF no ha anunciado un nuevo calendario para revisar el artículo 35, y la resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo que rechazó la apelación de seis clubes de Expansión en septiembre de 2025 cierra, por ahora, la vía legal. La batalla jurídica de Leones Negros, según su propio presidente, continúa en otras instancias. Mientras tanto, la declaración de Azcárraga funciona como termómetro de un consenso que existe en el discurso —prácticamente nadie en el futbol mexicano defiende abiertamente la desaparición permanente del mérito deportivo— pero que no se ha traducido en un solo compromiso verificable de fecha, cifra o mecanismo. Entre la protesta de 60 segundos de Mineros y Correcaminos y la entrevista de Línea de 4 hay una misma pregunta sin responder: quién paga la factura de reconstruir una segunda división rentable, y cuánto tiempo más va a tardar en encontrarse la respuesta.
