Durante 85 minutos, Senegal jugó el partido que había imaginado. Defendió con orden, atacó con velocidad y castigó cada desajuste de una Bélgica que parecía resignada a despedirse del Mundial. Con una ventaja de 2-0 y el cronómetro consumiéndose, el conjunto africano estaba a solo unos instantes de completar una de las grandes sorpresas del torneo.
Entonces apareció el carácter de una generación que se negó a aceptar el final. Bélgica encontró el descuento por conducto de Romelu Lukaku al minuto 86 y, apenas tres minutos después, Youri Tielemans apareció para empatar un encuentro que parecía perdido. En cuestión de segundos, la desesperación cambió de camiseta y el partido entró a una prórroga cargada de tensión.
Senegal rozó la hazaña
El marcador reflejaba el dominio africano. Habib Diarra abrió el camino antes del descanso e Ismaïla Sarr amplió la diferencia con una definición brillante en la segunda mitad. Senegal no solo ganaba; transmitía la sensación de tener completamente controlado el encuentro, mientras Bélgica acumulaba imprecisiones y encontraba muy pocas respuestas ofensivas.
La reacción belga llegó cuando el margen de error ya no existía. Los cambios revitalizaron al equipo y Lukaku volvió a demostrar por qué sigue siendo su referencia ofensiva. Su gol encendió la esperanza y el empate de Tielemans terminó por cambiar el impulso emocional de una eliminatoria que parecía sentenciada.
El desenlace llegó en el último suspiro
La prórroga mantuvo la intensidad de los noventa minutos reglamentarios. Senegal volvió a resistir y todo apuntaba a una definición desde el punto penal. Sin embargo, una revisión del VAR señaló una falta sobre Tielemans dentro del área en los instantes finales. El propio mediocampista asumió la responsabilidad y convirtió el penalti al minuto 125 para completar una de las remontadas más dramáticas del Mundial.
Más allá de la polémica por la decisión arbitral, Bélgica encontró una clasificación que parecía imposible cuando restaban apenas unos minutos por jugarse. Fue una victoria construida desde la resiliencia más que desde el buen fútbol, pero suficiente para mantener con vida a una selección que se resiste a despedirse del torneo.
Una derrota difícil de explicar
Para Senegal, la eliminación deja una sensación amarga. Durante gran parte del encuentro fue superior, administró la ventaja con personalidad y estuvo muy cerca de firmar una actuación histórica. El fútbol, sin embargo, suele castigar los pequeños descuidos en las noches grandes, y Bélgica aprovechó cada uno de ellos para cambiar el destino de una eliminatoria que parecía escrita.
