El ruido en Toronto será distinto. No será únicamente el de una Copa del Mundo comenzando en casa, sino el de una selección canadiense que carga con una cuenta pendiente desde hace décadas: ganar por primera vez un partido mundialista.
Canadá abre su camino en el Grupo B frente a Bosnia y Herzegovina, una selección que llega sin el cartel de favorita pero con una historia reciente que obliga a tomarla en serio. Los europeos sorprendieron al eliminar a Italia durante la ruta hacia el Mundial y regresan al torneo por primera vez desde 2014 con la intención de demostrar que su clasificación no fue casualidad.
La presión está del lado canadiense
El equipo dirigido por Jesse Marsch juega en casa, ante su gente y con la expectativa de convertirse en una de las historias positivas del torneo. Canadá nunca ha ganado un partido en la Copa del Mundo y sabe que este encuentro representa una oportunidad inmejorable para romper esa racha.
La ausencia de Alphonso Davies obliga a que otros nombres asuman el protagonismo. Jonathan David aparece como la principal referencia ofensiva y la figura sobre la que descansan buena parte de las esperanzas canadienses. El delantero llega como uno de los futbolistas más determinantes de la generación que ha elevado el nivel competitivo del país en los últimos años.
El corazón bosnio
Si Canadá representa la ilusión de un anfitrión emergente, Bosnia encarna el papel del equipo que no tiene nada que perder. Su entrenador, Sergej Barbarez, ha insistido en que su selección competirá con orgullo y personalidad, consciente de que pocos la consideran favorita para avanzar.
Al frente estará Edin Džeko. A sus 40 años, el máximo goleador en la historia del país sigue siendo el símbolo de una generación que se resiste a despedirse. Su experiencia y liderazgo serán fundamentales en un partido donde Bosnia intentará resistir la presión inicial y aprovechar cualquier espacio para golpear al contragolpe.
Mucho más que tres puntos
El Grupo B también incluye a Suiza y Qatar, por lo que comenzar sumando puede marcar la diferencia entre competir por el liderato o perseguir resultados desde el arranque. Para Canadá, una victoria sería un momento histórico. Para Bosnia, sería la confirmación de que puede desafiar cualquier pronóstico.
La Copa del Mundo apenas empieza, pero en Toronto ya se juega algo más que un partido: se juega la oportunidad de cambiar una historia.
