El árbitro tuvo que detener el partido para que los jugadores se hidrataran. No fue una metáfora, fue una necesidad: el mediodía en Ciudad Universitaria pegó con un calor que hizo más lento todavía a un Pumas que ya venía lento de fábrica. Noventa minutos después, el marcador seguía en cero, Querétaro se iba con un punto que le sabía a triunfo moral, y la afición universitaria salía del Olímpico con la sensación de que este equipo, ahora mismo, no tiene con qué lastimar a nadie.
El 0-0 en sí mismo no cuenta una historia dramática. Lo que sí la cuenta es el contexto en el que ocurrió: Pumas no gana en su estadio desde hace cuatro partidos consecutivos —contando una final y un amistoso ante América de Cali— y llega arrastrando una eliminación temprana e incómoda de la Leagues Cup. Para un proyecto que arrancó el torneo con la ambición de pelear arriba, empatar sin goles ante un Querétaro que se replegó desde el inicio no es un tropiezo cualquiera: es una confirmación de que el equipo de Esteban Solari sigue sin encontrar una identidad ofensiva clara.
Un partido que Pumas dominó sin lastimar
La estadística de posesión favoreció a los universitarios durante buena parte del primer tiempo, pero la posesión sin profundidad es solo una cifra decorativa. La ocasión más clara del cuadro local llegó en el minuto 16, cuando Adalberto Carrasquilla probó con un disparo de media distancia que el portero Guillermo Allison desvió con seguridad. Poco después, Juninho cabeceó por encima del travesaño en una jugada que resumió bien la tarde: contacto, intención, pero sin la puntería necesaria para inclinar el resultado.
Querétaro, mientras tanto, ejecutó el plan que había llevado al Olímpico: ceder el balón, cerrar espacios y esperar el momento para golpear. Los Gallos Blancos apenas generaron peligro real en el primer tiempo, conformes con llegar al descanso sin daño.
La segunda mitad que despertó, a medias
El complemento trajo más intensidad, aunque no más claridad. Ali Ávila probó por arriba del arco en el minuto 58, y cuatro minutos después Waldo Madrid metió un balón cruzado que exigió una intervención de Keylor Navas, ovacionado por una grada que necesitaba encontrarle algo que festejar a la tarde. Pumas respondió con Luciano Herrera, cuyo disparo cruzado se fue desviado en el 76, y sobre el final Ávila estuvo cerca de sorprender a Navas tras ganarle velocidad a Rubén Duarte, pero el portero costarricense volvió a aparecer para salvar el punto local.
Ninguno de los dos arqueros —ni Allison ni Navas— tuvo que hacer una atajada verdaderamente milagrosa. Fue, en el fondo, un partido de ocasiones medias que ninguno de los dos equipos convirtió en algo más contundente, y esa mediocridad compartida es exactamente lo que deja más preguntas sobre Pumas que sobre Querétaro: los universitarios jugaban en casa, con la obligación de proponer, y no encontraron la manera.
La presión que empieza a acumularse sobre Solari
El resultado deja a Pumas con siete puntos y en la sexta posición de la tabla general, apenas por delante de un Querétaro que quedó inmediatamente detrás por diferencia de goles. En el papel, no es una crisis. En los hechos, la desilusión de la hinchada universitaria ya es visible: el equipo llega de una participación decepcionante en la Leagues Cup —quedó eliminado sin ganar un solo partido, con un empate y dos derrotas— y ahora suma otro resultado que no despega en casa.
Para el estratega argentino, el desafío ya no es solo táctico. Es de tiempo: cada partido sin triunfos en el Olímpico Universitario alimenta una narrativa de estancamiento que, si se repite en la Jornada 5 ante Necaxa, empezará a convertirse en una crisis abierta antes de que el torneo llegue a su primer tercio.
Querétaro, conforme con lo que sumó
Para los Gallos Blancos, el punto tiene otro significado: es la confirmación de que, lejos de sus ambiciones ofensivas, pueden competir con un plan defensivo bien ejecutado ante rivales con más nombre. También ellos llegaban golpeados por su salida temprana de la Leagues Cup, y salir del Olímpico Universitario sin encajar goles —ante un local que dominó el balón— es un resultado que su cuerpo técnico puede capitalizar como base para construir consistencia.
Lo que viene
Pumas recibirá a Necaxa en la Jornada 5 con la obligación de romper una racha que ya empieza a pesar más en el ambiente que en la tabla. No ganar ese partido en casa dejaría a Solari en un terreno mucho más incómodo, donde las dudas sobre el proyecto dejarían de ser un murmullo de la grada para convertirse en una pregunta directa sobre su continuidad.
