La última imagen del Clausura 2026 fue la de Carlos Rotondi corriendo hacia la tribuna visitante con los brazos abiertos y el peso de años enteros desprendiéndose de golpe. Cruz Azul volvió a ser campeón de la Liga MX y lo hizo en uno de los escenarios más hostiles posibles: Ciudad Universitaria, ante unos Pumas que llegaron a la final como líderes del torneo y terminaron viendo cómo la copa cambiaba de manos en los minutos finales.
La serie había comenzado con un empate sin goles en la ida, una final cerrada y cargada de tensión táctica. Pero la vuelta encontró otro ritmo desde temprano. Pumas golpeó primero con el tanto de Robert Morales y durante varios minutos pareció tener control emocional del partido. El equipo de Efraín Juárez logró incomodar a Cruz Azul desde la presión y el juego físico, llevando el duelo hacia el terreno que más le convenía.
Sin embargo, Cruz Azul nunca abandonó la idea del partido. El empate llegó tras una acción de Rotondi que terminó en autogol de Rubén Duarte, una jugada que cambió completamente la energía de la final. La Máquina adelantó líneas, empezó a ganar segundas jugadas y encontró espacios ante un Pumas que comenzó a defender demasiado cerca de Keylor Navas.
El cierre fue una acumulación de tensión, nervios y desgaste. La expulsión de Uriel Antuna terminó inclinando todavía más el encuentro. Con superioridad numérica y el impulso emocional a favor, Cruz Azul encontró el gol definitivo en tiempo agregado. Otra vez Rotondi. Otra vez el jugador más cuestionado apareciendo en el momento más importante.
El título tiene un valor especial para Cruz Azul por el contexto en el que llega. Joel Huiqui asumió el equipo apenas antes de la liguilla tras la salida de Nicolás Larcamón y terminó construyendo una de las historias más inesperadas del semestre. La Máquina eliminó a Atlas y Chivas antes de completar la remontada definitiva ante Pumas.
La décima estrella también reacomoda la conversación histórica del club. Cruz Azul deja atrás años marcados por finales perdidas, presión acumulada y reconstrucciones constantes. Este campeonato no tuvo dominio absoluto ni una liguilla perfecta; tuvo resistencia, momentos límite y una capacidad emocional que el club muchas veces no había encontrado en instancias definitivas.
Para Pumas, la derrota deja una sensación más compleja. El equipo universitario había sido el más consistente del torneo regular y regresó a una final después de varios años de ausencia. Durante buena parte de la serie sostuvo el plan de partido ideal, pero terminó perdiendo control cuando el encuentro exigió administrar ventaja y emociones al mismo tiempo.
El Clausura 2026 quedará marcado por eso: por una final cerrada que se rompió en el momento exacto donde Cruz Azul encontró carácter. Y por la noche en la que Rotondi cambió definitivamente su lugar dentro de la historia reciente del club.
