Hace apenas unas semanas, Cruz Azul llegaba al Apertura 2026 como campeón defensor, con Joel Huiqui sosteniendo una racha de 101 días sin perder desde que tomó el banquillo: diez triunfos, dos empates, doce partidos invicto en la liga y catorce si se cuentan todas las competiciones. Ese invicto se rompió el 1 de agosto ante Atlante, con una derrota 3-2 que en su momento pareció un tropiezo aislado. Hoy, tres jornadas después, se ve como el inicio de una crisis.
Tijuana y Atlas completaron la seguidilla. Contra los Xolos, La Máquina volvió a caer; contra Atlas, el 23 de agosto, el golpe fue más duro: 2-0 en el Estadio Banorte, con goles de Edgar Zaldívar al 30' —de cabeza, en una jugada que Jeremy Márquez reclamó como falta— y de Florian Monzón al 45', tras un remate de Duk que Mier no pudo despejar del todo. El resultado dejó a Cruz Azul con seis puntos y en el lugar 12 de la tabla general, un lugar impensable para el equipo que meses atrás celebraba su décimo título de liga.
Una racha que no es solo de resultados
El dato que más pesa no es la posición en la tabla, sino la manera en que se perdieron los tres partidos: Cruz Azul encajó diez goles y no anotó ninguno en esa seguidilla. Es una cifra que varios reportes ubican entre las peores rachas ofensivas recientes de un campeón defensor mexicano en el arranque de un torneo, un dato que por sí solo explica por qué la afición celeste ha pasado, en cuestión de tres semanas, de la euforia del título a la exigencia de explicaciones. Huiqui reconoció después de la derrota ante Atlas que los ajustes tácticos llegaron tarde, aunque también enfrenta un problema que no depende de pizarrón: las bajas de Gonzalo Piovi, Rodolfo Rotondi y Erik Lira han desarmado a un mediocampo que fue, precisamente, la columna vertebral del título de Clausura.
La tensión que no nació con las derrotas
Lo más revelador de esta crisis es que, según reportes, el conflicto interno entre el director deportivo Iván Alonso y el gerente Joel Huiqui no fue provocado por las tres derrotas — ya existía antes. La fricción se originó en el control del mercado de fichajes, después de que Víctor Velázquez, dentro de la directiva, endureciera la supervisión sobre las operaciones de Alonso tras fichajes costosos que no rindieron como se esperaba: Mateusz Bogusz, cercano a los 9 millones de dólares, y Giorgos Giakoumakis, por unos 9.7 millones, ambos con un impacto menor al proyectado. Ese mayor escrutinio ralentizó las negociaciones del club en el mercado de verano, y generó fricciones que, según se reporta, persisten puertas adentro incluso después de que Huiqui recibiera la confirmación de continuidad tras ganar el Clausura — una confirmación que, de hecho, tardó en llegar, con Alonso condicionándola públicamente a una "decisión responsable" que contrastó con el respaldo institucional que en su momento expresó la directiva.
A ese trasfondo se suma otro problema que trascendió esta semana: versiones periodísticas aseguran que al menos tres jugadores del plantel habrían solicitado un aumento salarial, una demanda incómoda para cualquier club, pero especialmente sensible para uno que atraviesa la peor racha de resultados de su ciclo reciente.
Necaxa, el primer examen real
Nada de esto está oficialmente resuelto: el club no ha emitido una amenaza formal sobre la continuidad de Huiqui, y el propio técnico mantiene su contrato renovado sin que exista, por ahora, un comunicado de la directiva sobre su futuro. Pero el calendario no da tregua. Este viernes, Cruz Azul recibe a Necaxa en un partido que, sin decirlo abiertamente ningún comunicado oficial, se ha convertido en la prueba de fuego del cuerpo técnico: una cuarta derrota consecutiva pondría al campeón defensor en un territorio históricamente incómodo y obligaría a la directiva a decidir, de una vez, si el problema es táctico, anímico, o si en realidad nunca dejó de ser institucional.
