El primer remate de Emmanuel Echeverría pegó en el poste. El segundo, minutos después, también. En el Estadio Corona, Santos Laguna hizo casi todo lo que un equipo necesita hacer para ganar un partido de fútbol: generó, insistió, incomodó a una defensa rival que no siempre estuvo cómoda. Y aun así, se fue del campo con su cuarta derrota consecutiva, cero puntos en cuatro jornadas y la sensación cada vez más difícil de sacudirse de que este torneo, para los Guerreros, ya se torció antes de empezar.
El 0-1 final, decidido por un penal que Ricardo Marín transformó en el minuto 75, no cuenta la historia completa. La cuenta la completan los dos balones que Santos estrelló en el madero, la seguidilla de derrotas que ya suma cuatro, y un dato que empieza a doler más que cualquier otro: en las últimas cuatro fechas, este equipo ha anotado dos goles y ha recibido siete.
Un penal en el margen fino del reglamento
La jugada que decidió el partido llegó en el minuto 73, cuando Santiago Sandoval se metió al área y cayó reclamando un golpe en el tobillo. El árbitro Vicente Jassiel Reynoso Arce no sancionó de inmediato; fue la revisión del VAR la que terminó inclinando la balanza hacia el penal. Dos minutos después, Ricardo Marín ejecutó con un disparo cruzado de zurda, mandando al arquero Carlos Acevedo hacia el lado equivocado, y esa fue, en los hechos, toda la diferencia entre un empate que Santos merecía por generación de juego y una derrota que ya es la cuarta al hilo.
No es un detalle menor que la jugada haya necesitado revisión tecnológica para decretarse. En el margen fino donde se define ese tipo de sanciones, Santos volvió a quedar del lado equivocado de la fortuna, algo que se ha vuelto un patrón preocupante para un equipo que ya no puede permitirse depender de que las decisiones arbitrales le favorezcan.
La crisis de Paiva, capítulo por capítulo
Renato Paiva llegó a esta Jornada 4 necesitando una reacción urgente. Las tres derrotas previas —3-2 ante Rayados, 1-0 ante Atlas y 3-0 ante América— ya habían dejado a Santos en zona de fondo de tabla, con una diferencia de goles que se hacía cada vez más difícil de revertir. A esa presión se sumó la baja de Lucas Di Yorio por lesión, que obligó a Eduardo Aguirre a asumir la responsabilidad de liderar el ataque en un momento donde el equipo necesitaba certezas, no improvisación forzada.
Había, sin embargo, una señal de esperanza reciente: Santos había cerrado su participación en la Leagues Cup con un triunfo 2-0 sobre Philadelphia Union, un resultado que el cuerpo técnico quiso capitalizar como impulso anímico de cara al partido ante Chivas. Ese impulso se notó en la cancha —los dos tiros al poste de Echeverría no fueron casualidad, fueron el reflejo de un equipo que sí llegó con intención—, pero no alcanzó para revertir una racha que ya empieza a definir el torneo completo de los Guerreros antes de llegar a su primer tercio.
Chivas, ganando sin convencer
Del otro lado, Gabriel Milito encontró en Torreón su segunda victoria del torneo sin que su equipo haya mostrado, hasta ahora, un funcionamiento realmente sólido. Chivas llegaba de una derrota ante Toluca, un triunfo ajustado ante Juárez y un empate ante Puebla, un arranque mediocre que el propio plantel intentó compensar anímicamente con un triunfo 2-1 sobre Seattle Sounders en la Leagues Cup —insuficiente, de cualquier forma, para avanzar de fase en ese torneo internacional—.
Con este resultado, el Rebaño llega a siete puntos y se acomoda en la novena posición, todavía fuera de zona de liguilla pero con la urgencia de sostener el paso para meterse entre los primeros lugares. No fue un partido de dominio: Chivas administró más que propuso, confió en las individualidades de Roberto Alvarado, Jordan Carrillo y Armando González para sostener el peligro ofensivo, y terminó llevándose los tres puntos gracias a la eficacia puntual que le faltó a su rival.
Una rivalidad que ya tiene su propia ironía reciente
El resultado también reescribe, a su manera, el historial reciente entre ambos clubes. En el Clausura 2026, Chivas había goleado 3-0 a Santos; en el Apertura anterior, fueron los Guerreros quienes se impusieron 1-0 como locales ante el Rebaño. Esta vez, jugando de nuevo en casa y con argumentos futbolísticos suficientes para al menos rescatar un punto, Santos volvió a quedarse sin nada, una contradicción que resume bien lo que ha sido su torneo hasta ahora: generar sin recompensa.
Lo que viene
Para Santos, la Jornada 5 ya no admite márgenes de paciencia: cuatro derrotas consecutivas y cero puntos son cifras que, de repetirse, empiezan a convertir una crisis de resultados en una crisis de proyecto. Paiva necesita encontrar, antes que nada, la manera de traducir la generación de juego que sí mostró ante Chivas en puntos reales. Para Chivas, en cambio, el reto es de otra naturaleza: sostener una racha ganadora construida más sobre eficacia que sobre convencimiento, antes de que el nivel de juego —tarde o temprano— le pase factura ante un rival de mayor jerarquía.
