El futbol suele regalar noches inolvidables. El Estadio Azteca, en cambio, las fabrica. Antes del primer gol ya era una celebración; después del silbatazo final, era imposible distinguir dónde terminaba la cancha y dónde comenzaba la tribuna. México no solo derrotó 3-0 a Chequia: convirtió el cierre de la fase de grupos en una auténtica fiesta nacional.
El ambiente acompañó cada minuto de un equipo que volvió a responder en la cancha. Aunque Javier Aguirre ya tenía asegurado el liderato del Grupo A, su selección salió a jugar con la intensidad de quien entiende que los torneos grandes también se construyen desde la confianza. La afición respondió de la misma manera, convirtiendo al Azteca en una caldera que empujó al equipo desde el silbatazo inicial.
Chequia, obligada a ganar para mantenerse con vida, logró resistir durante buena parte del primer tiempo. México monopolizó la posesión, movió el balón con paciencia y encontró pocos espacios ante una defensa que sabía que un empate todavía le daba esperanza. La sensación era que el partido necesitaba un solo golpe para cambiar por completo.
Ese momento llegó después del descanso. Mateo Chávez abrió el marcador y liberó toda la tensión acumulada. Minutos más tarde, Julián Quiñones amplió la ventaja tras una gran jugada iniciada por el joven Gilberto Mora, mientras que Álvaro Fidalgo sentenció el 3-0 en el tiempo agregado para coronar una actuación que terminó siendo tan convincente como celebrada.
Más allá del marcador, México dejó otra actuación sólida en todas las líneas. La presión alta volvió a funcionar, el mediocampo controló el ritmo del encuentro y la defensa cerró la fase de grupos sin permitir un solo gol. El ingreso de Guillermo Ochoa en la recta final provocó una de las mayores ovaciones de la noche, en reconocimiento a una trayectoria que ya forma parte de la historia del futbol mexicano.
Una noche redonda para el Grupo A
Mientras el Azteca celebraba una goleada, en Monterrey también se definía el futuro del sector. Sudáfrica derrotó 1-0 a Corea del Sur gracias a un gol de Thapelo Maseko y escribió una de las historias más importantes de su futbol al clasificar por primera vez a la fase de eliminación directa de una Copa del Mundo. El resultado dejó a los asiáticos dependiendo de otros grupos para mantenerse con vida como uno de los mejores terceros.
Así quedó el Grupo A: México terminó como líder absoluto con nueve puntos, tres victorias, seis goles a favor y ninguno en contra. Sudáfrica se quedó con el segundo boleto tras sumar cuatro unidades, mientras que Corea del Sur finalizó tercera con tres puntos y una diferencia de goles de -1. Chequia cerró última con apenas un empate y quedó eliminada.
El balance del Tri difícilmente podría ser mejor. El equipo de Javier Aguirre firmó la mejor fase de grupos de su historia en una Copa del Mundo, consiguió su victoria más amplia en el torneo desde México 1970 y llegará a los dieciseisavos de final con la sensación de que, además de ganar, volvió a recuperar algo que parecía perdido durante años: la conexión absoluta con su gente. El Azteca fue una fiesta, pero también una declaración. México quiere que este Mundial sea recordado por mucho tiempo.
