En una cancha de Guadalajara, decenas de jóvenes persiguen una pequeña pelota blanca a una velocidad que sorprende a cualquiera que se acerque por primera vez al hockey sobre pasto. No hay estadios llenos ni transmisiones en horario estelar. Tampoco contratos millonarios. Pero sí existe una generación que intenta cambiar la historia de uno de los deportes más desconocidos del panorama mexicano.
Durante la Olimpiada Nacional CONADE 2026, el hockey sobre pasto volvió a ocupar un lugar dentro del calendario oficial del deporte juvenil mexicano. La competencia reunió a las principales potencias nacionales y confirmó el crecimiento de estados como Jalisco, Guanajuato y Baja California, que han consolidado programas de desarrollo capaces de competir por medallas año tras año.
Una base que intenta crecer
El principal desafío del hockey mexicano sigue siendo el mismo desde hace décadas: ampliar su base de jugadores. A diferencia de disciplinas con una presencia histórica en escuelas y clubes, el hockey sobre pasto depende de proyectos regionales que buscan atraer nuevos atletas y mantener estructuras de formación estables.
La Federación Mexicana de Hockey inició 2026 con una estrategia enfocada en fortalecer categorías juveniles, profesionalizar áreas técnicas y construir un modelo que permita incrementar la cantidad de practicantes en todo el país. El objetivo no es únicamente competir mejor a nivel internacional, sino garantizar que el deporte tenga una presencia sostenida en los próximos años.
La distancia con las potencias continentales
México continúa lejos de selecciones como Argentina, Estados Unidos y Canadá, referentes históricos del continente. Esa diferencia quedó reflejada recientemente en la Copa Panamericana Junior Sub-21, donde los representativos nacionales lograron mantenerse dentro de los seis mejores equipos de América, aunque todavía sin alcanzar los puestos de privilegio.
Los resultados muestran una realidad dual. Por un lado, existe talento suficiente para competir y mantenerse dentro del panorama continental. Por otro, la brecha estructural con las potencias sigue siendo considerable, especialmente en infraestructura, número de jugadores y experiencia internacional.
El valor de las competencias nacionales
Por esa razón, eventos como la Olimpiada Nacional adquieren una relevancia especial. Para muchos atletas representan el primer contacto con escenarios de alta exigencia competitiva y, en varios casos, el paso previo hacia procesos de selección nacional.
Los resultados obtenidos por delegaciones como Jalisco, Guanajuato y Baja California durante 2026 reflejan que el desarrollo del hockey mexicano no depende exclusivamente de los equipos nacionales. También se construye en torneos juveniles, entrenamientos regionales y programas estatales que buscan sostener el crecimiento desde la base.
El camino hacia la élite internacional todavía parece largo. Sin embargo, el hockey sobre pasto mexicano ha dejado de ser un deporte que simplemente sobrevive. Hoy intenta consolidar una estructura que le permita competir con mayor regularidad y formar atletas capaces de desafiar el orden establecido en el continente.
En un país donde la atención suele concentrarse en el futbol, cada nuevo jugador, cada medalla juvenil y cada torneo nacional representan algo más que un resultado. Son señales de que el hockey sobre pasto sigue avanzando, incluso cuando pocos lo están mirando.
