Budapest, 16 de noviembre de 2025: el milagro de Parrott
Minuto 90 en la Puskás Arena. Hungría 2, Irlanda 2. El empate dejaba a los irlandeses fuera del repechaje. La clasificación se esfumaba en tiempo real. Entonces, en el minuto 96, Troy Parrott recibió un balón en el borde del área, se giró entre dos defensores húngaros y disparó un derechazo rasante que se coló junto al poste. 3-2. Triplete de Parrott. Irlanda, que estaba a un punto del último puesto del grupo tres jornadas antes, acababa de conseguir su tercer triunfo consecutivo y se metía en el repechaje mundialista. El delantero del AZ Alkmaar cayó de rodillas en el césped de Budapest mientras sus compañeros lo sepultaban debajo de una montaña de cuerpos. Cinco goles en dos partidos. Uno de ellos en el sexto minuto de descuento. Así llegó Irlanda hasta aquí.
Esa secuencia final —victoria 1-0 contra Armenia, 2-1 contra Portugal en Dublín con diez hombres, 3-2 en Budapest con hat-trick agónico— no tiene precedentes en la historia reciente del fútbol irlandés. Y define con precisión lo que este equipo trae a Praga esta tarde: una confianza irracional, construida sobre momentos límite, que convierte a cada partido en una oportunidad para lo improbable.
Chequia: veinte años sin Mundial, 17 partidos sin perder en casa
La República Checa no disputa una Copa del Mundo desde Alemania 2006. Dos décadas. Una generación entera de futbolistas checos ha nacido, crecido y llegado a la selección sin saber lo que es competir en un Mundial. Aquella generación de 2006 —Nedvěd, Koller, Rosický, Čech— pertenece a otra era. La actual —Schick, Souček, Provod, Krejčí— quiere escribir su propio capítulo, y esta noche en el Fortuna Arena de Praga es el primer paso.
En las eliminatorias del Grupo L, Chequia terminó segunda con 16 puntos, detrás de una Croacia que se clasificó directamente. Cinco victorias, un empate y dos derrotas configuran una campaña sólida, rematada con un 6-0 contra Gibraltar en la última jornada que reforzó la confianza ofensiva. Pero el dato que más pesa esta noche es otro: Chequia lleva 17 partidos de clasificación sin perder como local. La Fortuna Arena, con sus 19.370 butacas, se ha convertido en un fortín donde los visitantes rara vez consiguen algo.
Miroslav Koubek dirige al equipo con un 4-2-3-1 que pivota sobre la solidez de Tomáš Souček como ancla del mediocampo. El capitán del West Ham, con su envergadura y capacidad para llegar al área rival, es el corazón táctico y emocional de esta Chequia. Patrik Schick, delantero del Bayer Leverkusen, aporta el gol: su habilidad para rematar de espaldas a la portería y su movimiento inteligente entre centrales lo convierten en una amenaza constante. Lukáš Provod y Adam Hložek completan la línea ofensiva con creatividad y desborde.
Irlanda: la euforia como combustible, las bajas como lastre
Heimir Hallgrímsson, el técnico islandés que dirige a Irlanda, ha transformado al equipo desde su llegada. Los Boys in Green pasaron de una selección sin rumbo a una que compite con coraje y sistema. Pero la euforia de Budapest viene acompañada de un problema real: las bajas para este partido son significativas.
Evan Ferguson, el joven delantero del Brighton que formaba dupla con Parrott, no estará por una lesión de tobillo. Sin él, Parrott queda como única referencia en el área. Y Parrott tendrá que cargar con todo: los goles, la presión, la responsabilidad de sostener la racha. Con 34 goles entre club y selección esta temporada, el atacante del AZ Alkmaar está viviendo el mejor momento de su carrera. Pero una cosa es marcar en Budapest cuando nadie espera nada, y otra es hacerlo en la Fortuna Arena cuando todo depende de ti.
Las suspensiones complican aún más las cosas. Liam Scales y Festy Ebosele no podrán jugar. Ryan Manning entraría como lateral izquierdo. En el mediocampo, las ausencias obligan a Hallgrímsson a improvisar: la zona de creación y contención, que funcionó con fluidez en las últimas tres victorias, llegará a Praga con piezas distintas. Caoimhín Kelleher, el portero del Liverpool, será el seguro bajo palos. Séamus Coleman, veterano de 37 años, podría aportar experiencia desde el lateral derecho.
El duelo táctico: control checo contra resistencia irlandesa
Koubek planteará el partido desde la posesión. Souček y Krejčí formarán el doble pivote que alimenta a los interiores creativos —Provod y Šulc— y a Schick como referencia. Chequia buscará mover el balón con paciencia, abrir el campo con los extremos y encontrar a Schick en el área con centros o pases filtrados. El plan es claro: dominar el tempo, controlar las emociones y dejar que la calidad individual resuelva.
Irlanda no intentará competir en posesión. No es su estilo ni su fortaleza. Hallgrímsson diseñará un bloque compacto que ceda el balón pero no los espacios. Parrott quedará arriba como referencia, buscando ganar duelos y generar faltas que acerquen al equipo al área rival. Chiedozie Ogbene, con su velocidad, será la válvula de escape en las transiciones. El balón parado cobra una importancia capital: en los últimos partidos, Irlanda ha sido letal en jugadas a balón parado, y contra una Chequia que a veces sufre en las marcas de área, esa puede ser la vía más directa al gol.
El partido tendrá una estructura predecible en su planteamiento pero imprevisible en su desarrollo. Si Chequia marca temprano, el guion se simplifica. Si no lo hace, la presión de la Fortuna Arena empezará a pesar. E Irlanda, que lleva tres meses alimentándose de situaciones límite, estará esperando exactamente ese momento.
Lo que está en juego: el Grupo A del Mundial y una cita con México
El ganador de esta semifinal enfrentará el 31 de marzo al vencedor de Dinamarca-Macedonia del Norte. La final de la Ruta D se disputaría en Dublín si Irlanda avanza, lo que añadiría un ingrediente emocional enorme. El premio final es un lugar en el Grupo A del Mundial 2026: México, Sudáfrica y Corea del Sur. El debut del clasificado sería contra el anfitrión mexicano el 24 de junio en el Estadio Azteca.
Para Chequia, clasificarse significaría volver al Mundial después de veinte años. La generación de Souček y Schick tendría por fin el escenario que merece. Han competido en Eurocopas —llegaron a cuartos de final en 2020—, pero el Mundial sigue siendo la asignatura pendiente. Resolver esa deuda esta noche en Praga, ante su gente, contra un rival al que nunca han perdido en casa, es la oportunidad ideal.
Para Irlanda, las implicaciones son aún mayores. La selección no juega un Mundial desde Japón-Corea 2002, cuando Robbie Keane y Damien Duff llevaron al equipo hasta octavos de final. Veinticuatro años de ausencia. Una generación completa de aficionados irlandeses que solo conoce el Mundial como espectador. Parrott, Ferguson, Kelleher, Ogbene: esta camada tiene la oportunidad de romper esa sequía. Pero primero necesitan sobrevivir a Praga.
La pregunta que Praga responderá esta noche
El fútbol irlandés vive de narrativas. De momentos que trascienden el resultado. De goles en el descuento, de clasificaciones que nadie anticipaba, de noches mágicas que se cuentan durante décadas. Budapest fue una de esas noches. La pregunta es si Praga puede ser la siguiente, o si la racha se detiene contra un rival más experimentado, más estable y protegido por las paredes de un estadio donde no ha perdido en cuatro años de eliminatorias.
Troy Parrott llega a este partido como el hombre que lo ha cambiado todo. Cinco goles en los últimos dos encuentros de clasificación. 34 en la temporada completa. Un delantero que hasta hace un año era una promesa sin confirmar y que ahora carga con las esperanzas de cuatro millones de irlandeses que quieren volver a ver a su selección en un Mundial. Enfrente, Schick y Souček representan la solidez de un equipo que no improvisa, que no depende de milagros, que construye desde la estructura y la disciplina.
Euforia contra consistencia. Impulso contra localía. Parrott contra Schick. La Ruta D del repechaje europeo ofrece esta tarde un contraste que resume lo mejor del fútbol de selecciones: la selección que llega sabiendo exactamente qué es, contra la selección que llega descubriendo hasta dónde puede llegar. En la Fortuna Arena, a las 20:45, solo una de las dos seguirá soñando con el Azteca.


