El 28 de mayo de 2017, el Estadio Akron explotó. Chivas levantó su último título de liga tras vencer a Tigres en una final que parecía confirmar que su nueva casa sería una fortaleza en liguilla. Ocho años después, ese recuerdo sigue siendo la excepción, no la regla.
Desde su inauguración en 2010, el Akron prometía convertirse en un factor determinante en la fase final. Sin embargo, el paso del tiempo ha dibujado otro escenario: uno donde la localía no siempre inclina la balanza a favor del Guadalajara.
El punto de quiebre: 2017
El equipo dirigido por Matías Almeyda construyó su campeonato desde la resiliencia más que desde la contundencia. Ganó apenas dos partidos en toda la liguilla, pero supo competir en cada serie y cerrar en casa cuando era necesario. La vuelta de la final, con victoria 2-1 en el Akron, consolidó la idea de que el estadio podía ser decisivo.
Ese torneo también evidenció una constante: Chivas no arrasaba, sobrevivía. Incluso en su mejor versión, el margen era mínimo.
Después del título: irregularidad constante
Lejos de consolidar una hegemonía, el Guadalajara entró en un ciclo de altibajos. Clasificaciones intermitentes, eliminaciones tempranas y una sensación recurrente: el equipo no logra sostener su nivel cuando la exigencia aumenta.
En casa, el patrón se repite. El Akron ha sido escenario tanto de noches vibrantes como de eliminaciones que dejan dudas. La presión de la tribuna, lejos de empujar siempre, en ocasiones ha pesado sobre un plantel que no termina de asumir ese rol protagonista.
La localía como interrogante
En liguilla, jugar en casa suele ser ventaja estructural. Para Chivas, ha sido más bien un examen. Cuando el equipo encuentra estabilidad —alineación definida, idea clara— responde. Cuando no, el entorno se vuelve adverso.
La falta de profundidad en el plantel y los constantes cambios de proyecto han impedido construir una identidad sólida en fases finales. El resultado es un equipo que compite, pero rara vez domina.
Una deuda abierta
El Akron no ha dejado de ser un estadio imponente, pero todavía no es una fortaleza confiable en liguilla. El título de 2017 sigue funcionando como referencia… y como recordatorio de lo que Chivas no ha podido repetir.
Para cambiar esa narrativa, el reto no pasa solo por reforzarse, sino por construir continuidad. Porque en el fútbol mexicano, la localía pesa. Pero solo para los equipos que saben sostenerla.
