Las dudas duraron apenas diez minutos. El tiempo que necesitó Lamine Yamal para recibir el balón dentro del área, encontrar espacio y marcar el gol que cambió el ánimo de España en este Mundial.
Después del inesperado empate frente a Cabo Verde, la selección dirigida por Luis de la Fuente llegó a Atlanta con una obligación incómoda: demostrar que el tropiezo inicial había sido un accidente y no una señal de alarma. La respuesta fue contundente.
España derrotó 4-0 a Arabia Saudita en una actuación que recordó a la versión que conquistó Europa. Hubo presión alta, circulación rápida, profundidad por las bandas y una agresividad ofensiva que no apareció en el debut.
Yamal fue el detonante. El joven talento abrió el marcador y aportó la electricidad que había faltado días atrás. A partir de ahí, el partido tomó una sola dirección. Arabia Saudita nunca encontró la manera de frenar a una selección española que recuperó confianza con cada ataque.
Oyarzabal aprovechó el momento
Si Yamal encendió el encuentro, Mikel Oyarzabal se encargó de romperlo definitivamente. El delantero anotó dos goles en apenas tres minutos y convirtió una ventaja mínima en una diferencia imposible de remontar.
España no solo dominó el marcador. También monopolizó el balón, redujo al mínimo las opciones saudíes y mostró una intensidad muy distinta a la exhibida contra Cabo Verde. La sensación era la de un equipo decidido a recuperar terreno cuanto antes.
El cuarto tanto, producto de un autogol saudí tras una acción generada por la presión española, terminó de reflejar una superioridad que se mantuvo durante toda la tarde.
La Roja vuelve a mirar hacia arriba
Más allá de los cuatro goles, la principal ganancia para España fue emocional. El empate de la primera jornada había abierto preguntas sobre el estado real de una selección considerada favorita al título. Noventa minutos después, muchas de esas preguntas desaparecieron.
El resultado coloca a La Roja en una posición favorable dentro del Grupo H y prepara el escenario para un cierre de alto voltaje frente a Uruguay. Ahí se definirá buena parte del destino del grupo y, probablemente, quién evitará un camino más complicado en las rondas eliminatorias.
Por ahora, España recuperó algo que parecía haber perdido durante unos días: la sensación de superioridad. Y cuando una selección con este talento vuelve a sentirse cómoda, el resto del torneo suele tomar nota.
