La jugada que definió el partido ocurrió lejos del área iraní. Nathan Ngoy perdió el balón cuando era último hombre, derribó a Mehdi Taremi y dejó a Bélgica con diez futbolistas. Lo que hasta ese momento era una tarde de frustración se convirtió en una prueba de supervivencia.
El empate 0-0 entre Bélgica e Irán dejó una sensación distinta para cada equipo. Para los europeos, fue una oportunidad desperdiciada. Para los iraníes, un punto construido a partir de disciplina defensiva, sacrificio colectivo y una actuación extraordinaria de su guardameta.
Alireza Beiranvand fue el nombre del encuentro. El arquero iraní apareció una y otra vez para contener los intentos belgas, especialmente una intervención a quemarropa frente a Maxim De Cuyper que terminó convirtiéndose en una de las atajadas más importantes de la jornada mundialista.
Bélgica monopolizó la posesión durante amplios tramos del partido y pasó buena parte de la tarde instalada en campo rival. Kevin De Bruyne intentó acelerar el ritmo, Romelu Lukaku luchó contra la defensa iraní y los extremos buscaron amplitud para abrir espacios. Nada fue suficiente.
Un muro llamado Beiranvand
Irán aceptó desde el inicio un escenario incómodo. Cedió el balón, cerró espacios interiores y apostó por encontrar a Taremi en transiciones rápidas. Incluso llegó a celebrar cuando el delantero envió el balón a la red, pero la revisión del VAR anuló la acción por fuera de juego.
La expulsión de Ngoy parecía inclinar definitivamente la balanza hacia el conjunto asiático. Sin embargo, la superioridad numérica no se tradujo en dominio. Bélgica continuó atacando y obligó a Beiranvand a intervenir en varias ocasiones para conservar el empate.
El marcador final terminó reflejando una batalla táctica más que un espectáculo ofensivo. Bélgica acumuló llegadas. Irán acumuló resistencia.
Todo se decidirá en la última jornada
El resultado deja al Grupo G en una situación impredecible. Bélgica todavía no ha ganado en el torneo y llega a la fecha final con la obligación de vencer a Nueva Zelanda para evitar una eliminación prematura.
Irán, por su parte, enfrentará a Egipto sabiendo que mantiene el destino en sus manos. Después de dos jornadas, ninguna selección ha logrado separarse del resto y cada punto adquiere un valor enorme.
Lo que parecía un grupo destinado a ser controlado por Bélgica se ha transformado en una carrera abierta. Y gran parte de esa historia se explica por un arquero iraní que convirtió cada remate rival en una declaración de resistencia.
