Hay técnicos que llegan a la Selección Mexicana con pizarrones llenos de conceptos. Javier Aguirre llega con cicatrices.
Cuando el Vasco asumió nuevamente el banquillo nacional en 2024, muchos lo vieron como un regreso al pasado. La Federación lo presentó como el hombre de experiencia para navegar el Mundial de casa. Y quizá tenían razón. Porque si algo tiene Aguirre es experiencia. Lo que no está tan claro es si esa experiencia alcanza para romper los límites históricos del futbol mexicano.
México le ha entregado tres veces el mismo barco. Y las dos primeras terminaron exactamente en el mismo puerto.
Los dos fracasos que casi nadie quiere llamar fracaso
La historia suele ser amable con Aguirre.
Se recuerda que rescató al Tri rumbo a Corea-Japón 2002 y que clasificó de emergencia para Sudáfrica 2010. Todo eso es cierto.
Pero también es cierto que en ambos Mundiales se quedó en los octavos de final.
En 2002 armó probablemente una de las selecciones mexicanas con más talento ofensivo de las últimas décadas. Terminó líder de grupo por encima de Italia, pero en el partido clave fue eliminado por Estados Unidos en una de las derrotas más dolorosas en la historia del Tri.
En 2010 ocurrió algo similar. Rescató una eliminatoria caótica, venció a Francia en fase de grupos y generó ilusión. Sin embargo, en octavos apareció Argentina y la aventura terminó otra vez en la misma estación.
La realidad es incómoda: Aguirre nunca logró que México diera el famoso quinto partido.
Y ese es el parámetro con el que inevitablemente será juzgado en 2026.
Porque además en esta ocasión no vino a recomponer el camino de una clasificación. Llegó para intentar recuperar y unir a una afición que en Qatar por fin dijo ¡basta! a las décadas de dolor y sufrimiento provocadas por un grupo de directivos que cada vez toma peores decisiones sobre el rumbo del futbol mexicano.
¿A qué juega Javier Aguirre?
Aguirre jamás ha sido un romántico.
Su futbol es pragmático, físico y competitivo. No busca tener el balón por tenerlo. Busca sobrevivir, competir y aprovechar errores del rival.
Por eso muchos aficionados se desesperan.
No es un entrenador que enamore desde la estética. Es un técnico que intenta controlar riesgos.
Su mejor versión aparece cuando tiene equipos inferiores que necesitan orden.
Su peor versión surge cuando debe proponer y asumir el protagonismo.
Y ahí aparece un problema para México.
Porque este Mundial será en casa.
El Azteca no pedirá orden táctico.
Pedirá ilusión.
¿Qué podemos esperar en 2026?
Más estabilidad que espectáculo.
Más experiencia que revolución.
Más oficio que fantasía.
La convocatoria final refleja perfectamente esa idea: una mezcla de veteranos como Guillermo Ochoa, Raúl Jiménez, Jesús Gallardo y Edson Álvarez, acompañados por jóvenes como Gilberto Mora, Obed Vargas o Brian Gutiérrez.
La sensación es que Aguirre no quiere sorpresas.
Quiere un grupo que conozca la presión.
Quiere futbolistas que no se derrumben cuando el Azteca pese 100 mil toneladas.
Y tiene lógica.
El problema es que los Mundiales rara vez los ganan los equipos conservadores.
Los Mundiales los ganan los equipos que se atreven.
El posible once contra Sudáfrica
Aunque Aguirre no ha confirmado públicamente la alineación, diversos reportes señalan que ya tiene prácticamente definido el equipo que debutará el 11 de junio en el Estadio Azteca frente a Sudáfrica.
Mi apuesta sería:
Portero
Raúl Rangel
Defensas
Israel Reyes
César Montes
Johan Vásquez
Jesús Gallardo
Mediocampistas
Edson Álvarez
Luis Chávez
Álvaro Fidalgo
Delanteros
Julián Quiñones
Alexis Vega
Raúl Jiménez
Este once combina la columna vertebral que Aguirre ha utilizado durante los últimos meses con el equilibrio que tanto le gusta. Rangel parece haber tomado ventaja tras la lesión de Luis Malagón, mientras que Montes, Johan, Edson y Raúl Jiménez forman el eje de experiencia que sostendrá al equipo.
El veredicto
Aguirre no llega para construir una revolución.
Llega para intentar que México no se estrelle.
Y quizá eso sea precisamente lo que necesitaba la Selección después de años de improvisación y decisiones equivocadas.
La pregunta es otra.
¿Alcanza con no estrellarse cuando juegas un Mundial en tu casa?
Porque si la Selección vuelve a quedarse en octavos, la historia será brutalmente honesta con el Vasco:
Tres Mundiales.
Tres oportunidades.
El mismo límite.
Y entonces descubriremos que la experiencia sirve para muchas cosas, pero no necesariamente para romper una maldición.
