Mucho antes del silbatazo inicial, México ya había comenzado a disputar los octavos de final. La madrugada frente al hotel de concentración de Inglaterra se llenó de tambores, trompetas, cánticos y fuegos artificiales. La tradicional serenata organizada por la afición mexicana volvió a convertirse en protagonista, una costumbre tan polémica como característica cuando la Selección juega en casa.
Las imágenes recordaron inevitablemente lo ocurrido días antes con Ecuador. Entonces, la Federación Ecuatoriana presentó una queja formal por considerar que el descanso de sus futbolistas había sido alterado. El episodio escaló hasta convertirse en tema de conversación fuera de la cancha y añadió tensión a un partido que ya estaba marcado por el contexto deportivo.
Una reacción completamente distinta
Esta vez la respuesta inglesa fue muy diferente. Lejos de alimentar la polémica, el entorno de los Three Lions asumió la serenata como parte de la experiencia de disputar un Mundial en México. Thomas Tuchel destacó el respeto con el que su equipo ha sido recibido durante su estancia y reconoció que jugar en el Estadio Azteca representa uno de esos escenarios que cualquier futbolista desea vivir al menos una vez en su carrera.
Incluso algunos integrantes de la delegación inglesa tomaron con humor el episodio. La música que se extendió hasta la madrugada fue vista más como una muestra de la pasión del fútbol mexicano que como un intento de desestabilizar al rival. En lugar de convertirlo en una excusa, Inglaterra optó por concentrarse en adaptarse a la altitud, al ambiente y a la presión que supone enfrentar al país anfitrión.
El Azteca espera otra noche histórica
El ambiente que rodea al encuentro confirma que el partido ya se juega mucho antes de que ruede el balón. México llega impulsado por una afición convencida de que puede volver a unos cuartos de final mundialistas por primera vez desde 1986, mientras Inglaterra afronta uno de los desafíos más complejos del torneo: sobrevivir a un estadio completamente volcado con el rival.
La serenata difícilmente definirá el resultado, pero sí refleja el tamaño del acontecimiento. El Azteca volverá a recibir una noche de Copa del Mundo con la intensidad que lo convirtió en uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol. Inglaterra parece haber entendido que forma parte del espectáculo; ahora le tocará comprobar si también puede soportar lo que ocurra cuando más de 80 mil voces empujen a México durante noventa minutos.
