El viernes 21 de agosto, cuando Arsenal reciba al recién ascendido Coventry City en el Emirates, algo se sentirá distinto incluso antes del pitido inicial: por primera vez desde 2004, el campeón defensor del título inglés no se llama Manchester City ni Liverpool. Se llama Arsenal, y todavía está aprendiendo a llevar esa etiqueta.
Detrás de esa novedad hay otra, más profunda y más rara todavía: nueve de los veinte clubes de la Premier League empiezan la temporada con un entrenador que nunca ha dirigido un partido de liga con esa camiseta. Bournemouth, Chelsea, Crystal Palace, Fulham, Ipswich Town, Liverpool, Manchester City, Newcastle United y Nottingham Forest cambiaron de banquillo en el mismo verano. Según datos recopilados por Opta, no se veía un recambio de esa magnitud en el arranque de una temporada de la máxima categoría inglesa desde 1946-47, cuando el fútbol apenas se reorganizaba tras la Segunda Guerra Mundial. Cinco de esos nueve nunca habían dirigido un partido en la Premier League antes de este verano.
El campeón que rompió el maleficio
Arsenal ganó su primer título de liga en 22 años el pasado mayo, cuando Manchester City empató 1-1 en Bournemouth y certificó matemáticamente lo que ya se veía venir desde noviembre: el título era de Mikel Arteta. No fue una coronación cualquiera. Los Gunners habían llegado a cuatro finales de temporada como subcampeones bajo el propio Arteta antes de romper la maldición, y lo hicieron con una identidad muy concreta: 35 goles de pelota parada en toda la temporada, más que cualquier otro club europeo en la última década, sostenidos sobre una inversión de más de 260 millones de libras en fichajes como Martín Zubimendi, Eberechi Eze, Noni Madueke y Viktor Gyökeres.
La pregunta que rondará el norte de Londres todo agosto no es si Arsenal puede competir —eso ya está resuelto—, sino si puede defender. Ningún campeón defensor en la era Premier League ha llegado a un segundo título consecutivo sin al menos un tropiezo serio de rachas, y Arteta lo sabe: la final de 2003-04 de los Invencibles de Wenger sigue siendo el único equipo inglés que ganó el título sin perder un partido, y ni siquiera ese Arsenal repitió al año siguiente.
Manchester City, la reconstrucción de una dinastía
Si Arsenal empieza defendiendo una corona, Manchester City empieza defendiendo una identidad. Pep Guardiola anunció en mayo que dejaba el club tras una década que redefinió lo que una plantilla inglesa podía ser táctica y futbolísticamente. Su explicación fue casi física antes que futbolística: "Siento que no voy a tener la energía cada día, con la expectativa de pelear por el título", dijo en su despedida. No habló de falta de ambición, sino de ciclos que se agotan. El club le construirá una estatua y rebautizará la grada norte del Etihad con su nombre; Guardiola seguirá vinculado como embajador global del City Football Group, pero ya no en la banca.
Lo que deja atrás no es solo un entrenador. Es una salida en cascada que vació buena parte del vestuario que ganó seis títulos en siete años: Rodri se fue al Barcelona, John Stones y Bernardo Silva salieron libres rumbo al Inter de Milán y al Real Madrid respectivamente, Nathan Aké se marchó al Fenerbahçe y el portero James Trafford recaló en Leeds. A cambio, Enzo Maresca —el hombre que reemplaza a Guardiola tras su paso por Chelsea— ha remodelado el mediocampo con una operación récord: 116 millones de libras por Elliot Anderson, procedente del Nottingham Forest, la cifra más alta pagada nunca por un inglés y el fichaje insignia de una plantilla que, según el propio Maresca admitió en la previa de la Community Shield, todavía no está cerrada del todo.
La comparación es inevitable y también injusta: pedirle a Maresca que sea Guardiola sería ignorar que hereda un proyecto en transición, no una máquina ya engrasada. Pero la Premier League no suele conceder períodos de gracia, y menos a un club acostumbrado a pelear el título hasta la última jornada.
Anfield sin su rey egipcio
En Liverpool, el cambio se resume en un nombre que ya no está: Mohamed Salah, el máximo goleador de la historia del club en la Premier League con 257 goles en 442 partidos, dejó Anfield como agente libre tras nueve temporadas en las que ganó dos títulos de liga, una Champions League y cuatro Botas de Oro. La ruptura no fue amistosa en el fondo, aunque las formas se cuidaron: Salah llegó a declarar durante la temporada que sentía que el club lo convertía en chivo expiatorio de un mal arranque, con una frase que quedó grabada — "no sé por qué, pero me parece que alguien no me quiere en el club"— y terminó firmando con el Trabzonspor turco pese a tener contrato vigente hasta 2027.
Lo llamativo es que la tensión que aceleró su salida no sobrevivió a él: el propio Arne Slot, el entrenador con quien Salah chocó, fue destituido en mayo tras un quinto puesto que supo a fracaso apenas un año después de ganar la liga en su temporada debut. Liverpool encara agosto con Andoni Iraola en el banquillo —contratado tras su etapa en Bournemouth— y una defensa casi irreconocible: se fueron también Andy Robertson, tras nueve años, rumbo al Tottenham, e Ibrahima Konaté, libre al Real Madrid. Llegaron Ronald Araujo cedido por el Barcelona, Victor Muñoz desde Osasuna y dos apuestas de proyección en Jeremy Jacquet e Ifeanyi Ndukwe. Es, en los hechos, un equipo nuevo construido sobre los cimientos de uno que ganó el título hace apenas dos veranos.
Lo que hay que vigilar desde el primer fin de semana
El calendario no perdona el drama: Newcastle recibe a ese Liverpool reconstruido el domingo 23 de agosto en el cierre de la primera jornada, un examen inmediato para Iraola. Chelsea, ya bajo el mando de Xabi Alonso —contratado en mayo tras su salida del Real Madrid en enero— visita el Gtech Community Stadium del Brentford el sábado, otro de los nueve debutantes que arranca sin margen de adaptación. Y Manchester City recibe al Bournemouth de Marco Rose, ambos con proyectos apenas iniciados, en un duelo que hace un año hubiera sido impensable como partido de "transición" para los de Manchester.
Con tantos bancos nuevos y tanto talento reacomodado, la temporada 2026-27 promete algo que la Premier League no ofrecía en años recientes: incertidumbre real desde la primera jornada, no solo en la pelea por el título, sino en qué versión de cada club se presenta al campo. Arsenal tiene la ventaja de la continuidad; casi todo el resto de la liga, incluidos dos de sus rivales históricos, empieza de cero.
