El Olímpico Universitario volvió a sentirse como en sus mejores noches. Con tensión en cada balón dividido y una grada empujando hasta el último minuto, Pumas aseguró su lugar en la final del Clausura 2026 y terminó con una ausencia de seis años sin disputar el título de la Liga MX.
El equipo universitario encontró en la resistencia su mejor argumento. Después de una semifinal cerrada frente a Pachuca, los dirigidos por Efraín Juárez sostuvieron la ventaja necesaria para mantener vivo un torneo que comenzó con dudas y terminó convirtiéndose en una reconstrucción competitiva inesperadamente sólida.
La clasificación también confirma el crecimiento de un plantel que recuperó identidad en la parte decisiva del campeonato. Pumas fue capaz de competir desde la intensidad, la presión alta y la capacidad de sufrir partidos incómodos, algo que había perdido en liguillas anteriores.
Una final con historia pendiente
Del otro lado estará Cruz Azul, que eliminó a Chivas y llega a la serie con la posibilidad de conquistar su décimo campeonato de liga. La Máquina encontró estabilidad en el momento más delicado del torneo y volvió a responder en escenarios de máxima presión.
La final entre universitarios y cementeros revive uno de los cruces históricos del futbol mexicano. Durante décadas, ambos clubes construyeron rivalidades de liguilla marcadas por generaciones distintas, aunque pocas veces coincidieron directamente en la serie por el título.
Para Pumas, la oportunidad representa algo más profundo que pelear un campeonato: es la posibilidad de cerrar una sequía que se mantiene desde el Clausura 2011. Para Cruz Azul, el contexto es diferente. El objetivo es consolidar el proyecto competitivo que lo ha mantenido constantemente en fases finales y convertirlo finalmente en un título.
La final del Clausura 2026 enfrentará dos caminos opuestos: un Pumas impulsado por la emoción de regresar al escenario grande y un Cruz Azul que llega con la obligación histórica de no dejar escapar otra oportunidad.
