En un deporte acostumbrado a separar a los bateadores de poder de los especialistas en velocidad, Randy Arozarena ha convertido la combinación de ambas cualidades en una rutina. El jardinero de los Marineros de Seattle completó su sexta temporada consecutiva con al menos 20 jonrones y 20 bases robadas, una racha que lo coloca entre un grupo reducido de figuras históricas de las Grandes Ligas.
Arozarena aseguró el 20-20 el 23 de agosto, cuando conectó su vigésimo cuadrangular de la campaña ante los Cachorros de Chicago. Para entonces ya había alcanzado las 20 bases robadas, por lo que el batazo terminó de confirmar una continuidad que comenzó en 2021 y que ha sobrevivido cambios de equipo, ajustes ofensivos y el desgaste natural de cada calendario.
Una lista reservada para las leyendas
Solo cinco jugadores han conseguido seis temporadas 20-20 consecutivas: Barry Bonds, Bobby Bonds, Bobby Abreu, Willie Mays y ahora Arozarena. Barry Bonds conserva el récord con nueve campañas seguidas, mientras Bobby Bonds y Abreu llegaron a siete. Mays enlazó seis, la misma cantidad que ahora presume el pelotero nacido en Cuba y representante de México.
La dimensión de la marca no se encuentra únicamente en alcanzar determinado número de jonrones o robos. El verdadero mérito está en repetirlo durante seis años sin que una lesión, una baja de producción o un cambio de función dentro del equipo interrumpa la secuencia.
Seattle pelea contra el calendario
La celebración individual llega dentro de una temporada mucho más complicada para los Marineros. Seattle presenta marca de 67 victorias y 77 derrotas, se encuentra a seis juegos del último boleto de comodín de la Liga Americana y solamente tiene 18 partidos por disputar.
La postemporada todavía es matemáticamente posible, pero el margen de error es mínimo. Seattle necesita encadenar victorias y recibir ayuda de varios equipos que aparecen por delante en la clasificación. Más que estar cerca de asegurar un boleto, los Marineros intentan evitar que sus posibilidades desaparezcan antes de la última semana.
Una certeza dentro de una temporada irregular
En medio de esa incertidumbre, Arozarena representa una de las pocas certezas del equipo. Su capacidad para producir carreras, generar extrabases y alterar la defensa cuando alcanza las almohadillas le permite influir en partidos de distintas maneras.
Seattle quizá no controle por completo su destino, pero Arozarena ya aseguró su lugar en una conversación histórica. La pregunta para las próximas semanas no es si el mexicano puede sostener su nivel, sino si los Marineros podrán acompañarlo antes de que el calendario termine por cerrarles la puerta.
