Randy Arozarena volvió a demostrar que su valor no depende de una sola herramienta. El jardinero de Seattle conectó el 23 de agosto su vigésimo cuadrangular de la temporada y completó, por sexto año consecutivo, la combinación de al menos 20 jonrones y 20 bases robadas.
El batazo llegó ante Shota Imanaga, recorrió 403 pies y convirtió otra buena temporada en una campaña histórica. Arozarena ya no aparece únicamente entre los mejores peloteros mexicanos de su generación: su consistencia comienza a colocarlo junto a algunos de los jugadores más completos que han pasado por las Grandes Ligas.
Una regularidad reservada para pocos
Willie Mays, Bobby Bonds, Barry Bonds y Bobby Abreu forman parte del reducido grupo que consiguió una cadena semejante. La comparación no significa que todas sus temporadas hayan tenido el mismo impacto, pero sí refleja una combinación excepcional de poder, velocidad y permanencia.
Arozarena ha alcanzado el 20-20 cada año desde 2021. En una época en la que las lesiones, los ajustes de los lanzadores y la pérdida gradual de velocidad suelen romper este tipo de secuencias, el mexicano ha mantenido ambas dimensiones de su juego.
El logro también refuerza su condición de referente para la afición mexicana. Su vínculo con México se consolidó durante el Clásico Mundial de Beisbol y su rendimiento en Seattle ha extendido esa relación más allá de un torneo internacional.
El cuadrangular ocurrió días atrás, pero la dimensión de la marca permanece. Arozarena no solamente llegó otra vez a 20 jonrones y 20 robos: convirtió la repetición en una parte de la historia de MLB.
