La historia comenzó torcida para Egipto. Un cabezazo de Finn Surman puso en ventaja a Nueva Zelanda y recordó todos los fantasmas que han acompañado a los Faraones en sus participaciones mundialistas. Sin embargo, esta vez había una diferencia: Mohamed Salah seguía sobre el campo.
La selección africana reaccionó después del descanso y transformó una tarde complicada en una de las páginas más importantes de su historia. El 3-1 conseguido en Vancouver significó la primera victoria de Egipto en una Copa del Mundo y colocó al equipo en la cima del Grupo G.
Durante el primer tiempo, Nueva Zelanda logró imponer un partido físico y ordenado. Los oceánicos limitaron los espacios para Salah y aprovecharon una jugada a balón parado para tomar ventaja. Durante varios minutos, la sorpresa parecía tomar forma.
Pero los grandes jugadores suelen aparecer cuando el escenario es más exigente. Salah asumió el protagonismo y lideró la reacción egipcia. Primero llegó el empate de Mostafa Zico. Después, una combinación rápida permitió al capitán marcar el gol que cambió por completo el encuentro.
La noche que esperaba Egipto
Con la ventaja en el marcador, Egipto jugó con una confianza que no había mostrado en anteriores Mundiales. La circulación fue más fluida, los espacios aparecieron y Nueva Zelanda comenzó a sufrir el desgaste físico de perseguir el balón.
El tercer gol terminó por sellar la remontada. Mahmoud Trezeguet apareció para convertir un servicio de Salah y cerrar una actuación que combinó liderazgo, calidad y eficacia en los momentos decisivos.
Más allá del resultado, la sensación fue la de una selección que por fin logró liberarse del peso de la historia. Después de décadas acumulando eliminaciones y oportunidades perdidas, Egipto encontró una victoria que cambia la conversación alrededor del futbol del país.
Un grupo que llega abierto a la última fecha
El triunfo deja a Egipto como líder provisional del Grupo G y convierte el duelo frente a Irán en uno de los encuentros más atractivos de la última jornada. La clasificación a los octavos de final está al alcance de la mano.
Nueva Zelanda, por su parte, volvió a competir con valentía y mostró momentos de buen futbol. Sin embargo, la derrota reduce drásticamente su margen de error. Ahora necesitará un resultado extraordinario ante Bélgica para mantener vivas sus aspiraciones.
Para Egipto, el significado va más allá de los puntos. La noche de Vancouver quedará como aquella en la que una generación liderada por Salah consiguió algo que ningún equipo egipcio había logrado antes: ganar un partido en la Copa del Mundo.
