La decisión, en lo personal, ya está tomada. Santiago Giménez dio luz verde a una mudanza al Porto, según confirmó el periodista Matteo Moretto, y el técnico portugués Francesco Farioli incluso se comunicó de manera directa con el delantero para confirmar su disposición a sumarse al proyecto. Para el club luso, Giménez no es una opción entre varias: es la pieza que consideran ideal para su ataque de cara a 2026-27, y eso los coloca, por ahora, como los favoritos en una carrera que todavía tiene otros dos actores con intenciones serias.
Lazio y Betis, sin bajar los brazos
La Lazio de Gennaro Gattuso no ha dejado de insistir. El propio club romano considera a Giménez su prioridad para reforzar el ataque, aunque las limitaciones económicas de la Lazio —una constante en su planificación de los últimos mercados— complican que puedan igualar cualquier oferta competitiva. Su fórmula preferida, un préstamo con opción de compra, choca de frente con lo que exige el Milan: una venta definitiva. Betis, por su parte, también ha estado en la conversación en las últimas semanas, aunque con un perfil más discreto frente al ruido mediático que han generado Porto y Lazio.
Es justamente esa diferencia de fórmulas —préstamo contra venta definitiva— la que ha mantenido estancada la negociación durante días. El Porto ofrece un préstamo con opción de compra fijada en 15 millones de euros; el Milan pide entre 20 y 25 millones, y no está dispuesto, según reportes, a repetir la estructura de una cesión que le deje el riesgo económico sin la certeza de una venta. Esa rigidez del club italiano es, en el fondo, la que le da ventaja al Porto sobre la Lazio: al menos el club portugués está más cerca de aceptar condiciones que Milan pueda firmar antes de que se acabe el tiempo.
Una salida que ya no es una posibilidad, es una necesidad
El contexto que empuja esta salida es contundente. Desde su llegada al Milan en febrero de 2025 por 32 millones de euros, Giménez ha sumado apenas 7 goles en 18 meses — una cifra que se ve todavía más pequeña al lado de los 65 goles en 105 partidos que firmó con el Feyenoord antes de dar el salto a Italia. A eso se sumó, durante el Mundial 2026, una lesión de tobillo —la misma zona que ya había requerido cirugía en el pasado— que terminó de complicar su proceso de adaptación en San Siro. El resultado, semanas después, fue quedarse sin dorsal disponible: con Gonçalo Ramos, Christopher Nkunku y Niclas Füllkrug ocupando el ataque rossonero, no hubo lugar para él ni siquiera en la convocatoria de la primera jornada de Serie A.
La cuenta regresiva que ya empezó
El mercado europeo de fichajes cierra el 31 de agosto, lo que deja a las tres partes involucradas —Milan, Porto y el propio jugador— un margen de apenas unos días para resolver una operación que, en el papel, ya tiene acuerdo en lo más difícil: la voluntad del futbolista. Lo que falta es lo de siempre en este tipo de negociaciones de última hora: que dos clubes acepten ceder un par de millones de euros antes de que el reloj corra en su contra. Para Giménez, cada día que pasa sin resolverse es, también, un día menos para adaptarse a un nuevo club antes de que arranque en serio la temporada.
