Se acabó el misterio. La Selección Mexicana ya definió que sus duelos amistosos y de eliminatorias van por tele abierta. Es un movimiento puramente estratégico —uno que la afición pedía a gritos— para acercar al Tri a una audiencia mucho más masiva en este largo camino rumbo a la Copa del Mundo.
Y es que con esta jugada, el fútbol nacional podría recuperar ese terreno perdido en popularidad. No es poca cosa. Que los partidos vuelvan a ser eventos de relevancia nacional sin barreras de pago será, seguramente, un impulso vital para el ánimo del equipo.
Impacto en la Afición
El cambio de timón es drástico. Antes, un montón de juegos se quedaban atrapados en los canales de paga (o en apps que a veces ni funcionan), limitando el alcance real de nuestra Selección. Ahora, cualquier mexicano con una antena podrá ver a su equipo sin soltar un peso extra de su bolsillo.
Esto pega directo en la motivación. Ver a los ídolos desde la sala de la casa puede ser el chispazo que necesitan los chavos que sueñan con llegar a primera. Es un ganar-ganar.
Repercusión en el Mercado Televisivo
Las televisoras ya se están frotando las manos. Al amarrar los derechos, el rating se va a las nubes y, por ende, los ingresos publicitarios también. Pero no todo es dinero; la competencia entre cadenas se va a poner color de hormiga. Veremos quién ofrece el mejor análisis y quién trae la cámara más espectacular —algo que al final nos beneficia a nosotros como espectadores—.
Un Camino Hacia el Mundial
Llegar al Mundial nunca es un día de campo. Todo apunta a que el Tri tendrá que sudar la gota gorda en las eliminatorias, y tener a millones de ojos puestos en la pantalla mete una presión distinta. El jugador lo siente. No es lo mismo jugar ante unos cuantos miles en un estadio que saber que todo el país te está juzgando cada pase desde su televisor.
La presión será máxima.
Conclusión
¿Será suficiente la tele abierta para reconciliar al equipo con su gente? Es la gran duda. Lo que es un hecho es que democratizar el acceso al fútbol le quita ese aire de exclusividad innecesaria. Al final, el fútbol en México sigue siendo el pegamento social más fuerte que tenemos, y tenerlo a la mano es, por lo menos, un primer paso en la dirección correcta para lo que viene en el proceso mundialista.


