El martes 25 de agosto, en la cancha donde Serena Williams jugó su último partido de tenis profesional hace casi cuatro años, va a pisar de nuevo la pista de Flushing Meadows. No lo hará sola, ni en individuales, ni bajo ningún guion previsible: lo hará en dobles mixtos, con una raqueta veinte años menor que ella, y contra la pareja que hoy reina en ese propio cuadro.
Carlos Alcaraz y Serena Williams debutan hoy frente a Erin Routliffe y Lloyd Glasspool, campeones vigentes en la modalidad, en la primera ronda del renovado torneo de dobles mixtos del US Open. Es, a la vez, la historia más comentada de la semana y un riesgo calculado por parte de la USTA: convertir una wildcard en el imán de audiencia que el evento necesitaba.
Un formato pensado para el espectáculo
Desde este año, el dobles mixto del US Open ya no es el torneo secundario de siempre. La USTA lo rediseñó por completo: dieciséis parejas, la mayoría formadas por estrellas del circuito individual antes que especialistas de dobles, compitiendo en un cuadro exprés de solo dos días. Los octavos y cuartos se resuelven este martes; semifinales y final, el miércoles por la noche. Los sets se juegan a cuatro games con punto decisivo en cada empate, y un súper tie-break a diez puntos sustituye al tercer set. Todo comprimido, todo televisivo. El premio para la pareja campeona es de un millón de dólares.
El resultado es un cuadro con siete de las diez mejores del ranking WTA y seis de los diez mejores del ATP, encabezado por Aryna Sabalenka y Novak Djokovic como primeros preclasificados. Junto a ellos, nombres como Iga Swiatek y Casper Ruud, Jessica Pegula y Jack Draper, o Sara Errani y Andrea Vavassori, defensores del título. Y, entre las wildcards, la pareja que más ha hecho hablar al torneo antes de que se golpee una sola pelota: Alcaraz-Williams.
Dos regresos que no eligieron cruzarse, pero se cruzan
Nada en esta asociación es casual, pero tampoco estaba planeado desde hace meses. Williams no compite en el US Open desde 2022, cuando anunció lo que ella misma prefirió llamar una "evolución" antes que un retiro. Desde entonces, su regreso al circuito ha sido lento y fragmentado: una wildcard en individuales en Wimbledon este verano, donde cayó en primera ronda ante Maya Joint, veinte años menor que ella; una retirada de su partido de dobles en el propio Wimbledon por una molestia en la rodilla; y, apenas este mes, su primer dobles junto a su hermana Venus desde 2022, en el Abierto de Cincinnati. El US Open de dobles mixtos no es, para ella, un regreso triunfal preparado durante meses. Es la continuación de un proceso irregular, hecho de pruebas cortas y cuerpo que responde a medias.
Alcaraz llega desde un lugar distinto pero igual de incierto. El vigente campeón de individuales masculinos del US Open estuvo fuera de las canchas desde abril por una lesión en la muñeca derecha. En febrero se había convertido en el jugador más joven de la historia en completar el Grand Slam de individuales; siete meses después, apenas regresa a competir, y lo hace no en individuales, sino en una modalidad exprés de dos días junto a una compañera que tampoco llega en plenitud física.
Es ahí donde está el verdadero relato de este martes: no es la nostalgia de ver a Serena Williams de nuevo en Nueva York, ni el morbo de una pareja generacional inusual. Es que dos comebacks que avanzan a ritmos distintos —uno de cuatro años, otro de cuatro meses— convergen en el formato menos indulgente posible: un solo mal set, sin margen para el rodaje, puede terminar el experimento en su primer día.
Un rival que no regala nada
El sorteo tampoco les dio un estreno cómodo. Erin Routliffe y Lloyd Glasspool no son un relleno de primera ronda: llegan como campeones defensores de la modalidad, con la solidez de juego que da competir dobles semana tras semana, algo que ni Williams ni Alcaraz —ambos formados y consagrados en individuales— practican con regularidad. La reforma del formato empujó a la USTA a mezclar a las grandes figuras del tenis individual con especialistas de dobles en el mismo cuadro, y ese contraste de oficio puede pesar tanto como el de generaciones.
Para la organización, sin embargo, el cálculo ya está hecho: Alcaraz-Williams es, con diferencia, la pareja que más atención mediática concentra antes de que arranque la ronda, por delante incluso de Sabalenka-Djokovic. La USTA, además, se guardó una wildcard de individuales femenino por si Williams decide competir también en esa categoría, una puerta que deja abierta, sin confirmar, la posibilidad de un regreso más profundo al calendario.
Lo que está en juego más allá del resultado
Ganar o perder hoy dice relativamente poco sobre el futuro de ninguno de los dos. Para Alcaraz, este dobles es sobre todo una prueba de cuerpo: la primera comprobación pública de que la muñeca aguanta ritmo de competición antes de pensar en el circuito individual que retomará en las próximas semanas. Para Williams, a los 44 años, cada partido en pista —gane o pierda— es una unidad de información sobre cuánto tenis de alto nivel le queda disponible, después de una rodilla que ya la hizo retirarse de un compromiso este mismo verano.
Si la pareja avanza, jugaría cuartos de final más tarde este martes, con semifinales y la final reservadas para la noche del miércoles bajo las luces de Arthur Ashe. Si cae ante Routliffe y Glasspool, el experimento habrá durado exactamente un partido. De cualquier forma, la USTA ya obtuvo lo que buscaba con esta wildcard: dos días de dobles mixtos convertidos, por primera vez en mucho tiempo, en la conversación central del US Open antes de que arranque el cuadro principal de individuales.
