Cuando el AC Milan repartió las camisetas de la temporada 2026-27, Santiago Giménez se quedó sin una. No es un detalle simbólico: en el fútbol europeo, no tener dorsal significa, en los hechos, no tener sitio. El club lo excluyó de la convocatoria para el arranque de la Serie A ante el Torino, la señal más clara hasta ahora de que su ciclo en San Siro está cerrado.
La explicación es una cuestión de aritmética futbolística. El Milan pagó 70 millones de euros por Gonçalo Ramos este verano, y con Christopher Nkunku y Niclas Füllkrug también en la plantilla, el once de ataque rossonero se llenó antes de que Giménez pudiera reclamar un lugar. El número 7 que portaba desde su llegada quedó vacante, congelado, esperando que alguien más lo reclame.
Una temporada que no despegó
El contraste con su primer año en Italia es abismal. En 2024-25, recién llegado del Feyenoord por 32 millones de euros, Giménez anotó 6 goles en 19 partidos y se ganó la titularidad. En 2025-26 apenas sumó 1 gol en 18 apariciones, lastrado por lesiones constantes que le impidieron encontrar ritmo. En el cómputo total de su etapa en el club, la cifra queda en 7 goles en 37 partidos — números que en el fútbol de máxima exigencia italiana se leen como una oportunidad no aprovechada, más que como un fracaso individual. Mientras tanto, Christian Pulisic y Rafael Leão se consolidaron como los máximos goleadores del equipo, con 10 tantos cada uno.
Detrás de esa caída en rendimiento hay una explicación física concreta: una lesión de tobillo que Giménez arrastra desde el Mundial 2026, específicamente del partido de octavos de final en el que México cayó 2-3 ante Inglaterra. Fabrizio Romano, sin embargo, ha sido enfático en aclarar que el delantero ya no tiene molestias ni problemas de condición física — la dolencia quedó atrás, pero el daño en su posición dentro del proyecto milanista ya estaba hecho.
El nudo económico con el Porto
La salida hacia Portugal existe, pero no está resuelta. El propio Giménez ya aprobó los términos personales de una eventual mudanza al Porto, según reportó Romano, quien describió su rutina actual como la de un jugador "entrenando solo mientras continúan las conversaciones" entre los dos clubes.
El obstáculo es puramente financiero. El Porto ofrece un préstamo con opción de compra fijada en 15 millones de euros; el Milan exige entre 20 y 25 millones, casi el mismo margen que separó una primera oferta —calificada de "insuficiente"— de un acuerdo real. El periodista Matteo Moretto confirmó que este 24 de agosto ambos clubes agendaron una reunión decisiva para intentar destrabar la operación, la señal más concreta de que el caso se acerca a su resolución.
Lo que está en juego
Para Giménez, el argumento detrás de la mudanza no es solo salir del banquillo: es recuperar la regularidad que Milan nunca le dio. El Porto representa una liga de menor exigencia relativa al Calcio pero con la posibilidad real de ser el nueve titular de un candidato habitual a pelear la Primeira Liga y competir en Europa. Con el Mundial de 2026 ya disputado y una selección mexicana que necesitará definir su proyecto rumbo al próximo ciclo, la prioridad inmediata de Giménez es simple: jugar. En Milan, ese verbo se le había vuelto esquivo.
