Ismail Kartal ya conocía este guion. Lo vivió como jugador, lo vivió en sus tres etapas anteriores en el banquillo del Fenerbahçe, y lo volvió a vivir el martes por la noche, cuando su equipo se adelantó ante el Lyon con un remate de Mason Greenwood al inicio del segundo tiempo y, siete minutos antes, ya había encajado el primero de Loïs Openda. Kartal fue nombrado técnico amarillo por cuarta vez apenas dos meses atrás, en junio, para intentar romper una estadística que persigue al club desde 2008: nueve eliminaciones en fase de clasificación de Champions League sin lograr meterse jamás, en toda esa época, directamente entre los elegidos. El empate 1-1 de este martes no rompe la maldición ni la confirma. La deja, otra vez, pendiente de una noche en Lyon.
Estambul: la ansiedad de siempre
El Fenerbahçe llegó a este playoff arrastrando una derrota inesperada, 2-1 ante el Genclerbirligi en Liga, con Talisca anotando en su quinta alineación consecutiva pero sin poder evitar el traspié doméstico. La plantilla turca, reforzada este verano con Greenwood y con Romelu Lukaku —ausente en este partido tras llegar procedente del Inter—, no pudo capitalizar en el marcador la superioridad que exhibió en el arranque de la segunda mitad. Openda, cedido por la Juventus a un Lyon que busca recuperar terreno en Europa tras años de dificultades financieras, adelantó a los franceses en el minuto 40; Greenwood empató siete minutos después del descanso.
Para Paulo Fonseca, que dirige a un Lyon con solo una participación en fase de grupos desde 2019, el empate en campo turco es un resultado que deja la eliminatoria completamente abierta antes de recibir la vuelta en casa, el 25 o 26 de agosto. Su equipo ya remontó una eliminatoria continental esta misma pretemporada —perdió 2-1 en la ida ante el Sparta Praga y ganó 3-0 en la vuelta con superioridad numérica—, un precedente que en Francia se repite como argumento de esperanza. Para Kartal, en cambio, el marcador confirma un patrón incómodo: el Fenerbahçe vuelve a depender de un partido de vuelta fuera de casa para acceder a la competición que tanto se le resiste.
Zagreb: dos errores, una respuesta de carácter
A más de 2.000 kilómetros de Estambul, en el Maksimir, el Dinamo Zagreb golpeó primero y golpeó rápido. Dion Beljo abrió el marcador al minuto 6 y, cuatro minutos después, Mateo Lisica firmó el segundo tras un pase fallido de Henrik Falchener que terminó directamente en los pies de un rival croata. En cuestión de diez minutos, el Viking noruego —que llegaba con la etiqueta de equipo de presión alta y fútbol directo— se encontraba abajo 2-0 y con uno de sus futbolistas más fiables señalado como responsable directo del segundo tanto.
Lo que siguió fue, según su propio entrenador, una muestra de carácter que el resultado final no alcanza a explicar del todo. Peter Christiansen descontó al 26' y Zlatko Tripic, el capitán noruego, firmó el empate definitivo al 40', antes incluso del descanso. "Nos superaron por todos lados y arrancaron con dos goles rápidos, pero sabemos que este plantel nunca se rinde y la mentalidad es fuerte", resumió Morten Jensen, técnico del Viking, tras el partido. El propio Falchener, señalado en el error del segundo gol croata, participó activamente en la reacción posterior —una recuperación que Tripic calificó como "un carácter increíble" viniendo de un futbolista con dieciocho meses de regularidad intachable en el club—.
El 2-2 deja la eliminatoria absolutamente abierta de cara a la vuelta, programada para el 26 de agosto en Stavanger. El ganador entra a la fase de liga de Champions; el perdedor cae a la Europa League, un consuelo real pero menor para dos clubes que llegaron a este playoff con ambiciones más altas.
Sofía: el partido sin goles que puede cerrar 16 años de espera
El tercer resultado de la noche fue, en apariencia, el menos vistoso: un 0-0 entre Levski Sofía y AEK Atenas que no ofreció ni la tensión ofensiva de Estambul ni el drama de Zagreb. Pero es, quizás, el que más pesa en términos históricos. Un triunfo en la vuelta —o incluso un nuevo empate con goles, dependiendo del resultado en Grecia— le devolvería a Levski la fase de liga europea después de dieciséis años fuera de las competiciones continentales, una sequía larga para un club que hasta ahora había eliminado a sus tres rivales previos en esta Champions sin conocer la derrota.
Julio Velázquez, al frente de un Levski que llegó a este cruce invicto en sus últimos once partidos y con siete victorias consecutivas como local, no pudo forzar el gol que hubiera dejado la eliminatoria prácticamente sentenciada. Del otro lado, Marko Nikolic dirigió a un AEK Atenas que arrastra un inicio de temporada complicado —eliminado en la Supercopa griega por el OFI Creta en la tanda de penaltis— y que llegó a Bulgaria sin poder contar con Mijat Gacinovic, de baja por una lesión de menisco. Para los griegos, el punto en campo búlgaro es un resultado que se puede leer como un alivio relativo: la eliminatoria sigue viva, y AEK todavía puede definirla en casa.
Lo cierto es que, de las tres eliminatorias del martes, esta es la que arrancó con menos ruido y termina con la sensación más clara de que el resultado final se va a decidir por márgenes mínimos. El ganador tendrá acceso directo a la fase de liga; el perdedor, garantizado en la fase de liga de la Europa League, un premio de consuelo que para Levski —tras dieciséis años de ausencia europea— seguiría siendo, en cualquier caso, un logro.
Nada resuelto, todo por decidir
Tres partidos, tres empates, ningún resultado que anticipe con claridad quién avanzará a la fase de liga de la Champions League 2026-27. La coincidencia estadística —bautizada ya como "triple empate" en la cobertura de esta ronda— esconde, sin embargo, tres historias con pesos muy distintos: una maldición histórica que Kartal necesita romper en su cuarto intento al frente del Fenerbahçe, la resiliencia mostrada por un Viking que remontó dos goles de desventaja en apenas media hora, y la posibilidad de que Levski Sofía ponga fin a dieciséis años sin fútbol europeo de club. Las vueltas, repartidas entre el 25 y el 26 de agosto en Lyon, Stavanger y Atenas, dirán si alguna de esas historias se resuelve a favor de quien más la necesita.
