Los precios de las entradas para el Mundial han desatado una lluvia de críticas que no solo vienen de los fans de hueso colorado. Hasta Donald Trump se metió al baile al decir que "él tampoco lo pagaría". Una frase que pegó fuerte en los medios y que deja claro el malestar por lo que cuesta ver al USMNT este verano. (Y no es para menos).
La FIFA ya trae historial de polémicas, pero esto de los boletos dolió directo en el bolsillo, justo cuando el fútbol está despegando en el país. ¿Qué significa esto realmente para los que quieren ir al estadio y para el futuro del deporte en Estados Unidos?
El impacto de los precios en los aficionados
Se dice que los precios son excesivos —muchos dicen que un robo— y el debate sobre si el deporte es para todos ya está que arde. Se suponía que este sería el evento del año para la gente común, pero la realidad es otra. La expectativa era enorme, pero los números no cuadran para el trabajador promedio.
La cosa está color de hormiga. Reportes indican que un boleto promedio anda arriba de los 300 dólares. Una lana. Esto deja fuera a muchísimas familias y, la verdad, le quita todo el color a la tribuna. Sin gente en las gradas, el entusiasmo se muere.
Reacciones de figuras públicas y el entorno mediático
Lo de Trump no es una ocurrencia aislada. Políticos, exjugadores y hasta los analistas de la tele coinciden en que esto es un freno de mano para el soccer en EE.UU. No es solo un tema de grilla política, es una preocupación real por el acceso al juego.
La prensa no ha soltado el tema. Se discute si estos precios elitistas van a terminar espantando a la gente en un mercado donde la NFL y el béisbol mandan. Pero parece que a los organizadores eso no les quita el sueño por ahora.
El papel de la FIFA y las expectativas para el futuro
Desde Suiza, la FIFA se defiende con el discurso de siempre: que organizar esto sale carísimo y que las cuentas deben cuadrar. Pero a casi nadie le convence esa explicación cuando el acceso al estadio se vuelve un lujo de pocos.
Todo apunta a que el crecimiento del fútbol en Estados Unidos podría estancarse por estas decisiones. Si el deporte se percibe como algo solo para ricos, la expansión se va a ir al suelo. Habrá que ver si en Zúrich se tientan el corazón para las próximas ediciones del torneo.
Conclusión
Esta bronca por los boletos nos recuerda que el negocio siempre manda sobre la pasión. Trump puso el tema en el reflector, pero la duda sigue ahí: ¿de verdad quieren que el fútbol sea para todos o solo para los que tienen la cartera llena? Al final, si no cuidan a la nueva generación de fans, de nada servirá tener los mejores estadios del mundo si las gradas están vacías de sentimiento.

