Un país sin estadio
Ucrania jugará esta tarde como local. El partido se disputará en Valencia. No en Kyiv, ni en Lviv, ni en Dnipró. En España, a más de tres mil kilómetros de cualquier frontera ucraniana, en el Estadi Ciutat de València, la casa del Levante en Segunda División. Desde febrero de 2022, cuando Rusia invadió su territorio, la selección ucraniana no ha podido disputar un solo partido oficial en su país. Cada compromiso como anfitrión se ha jugado en sedes neutrales: Varsovia, Wrocław, Hamburgo, Bratislava. Ahora Valencia. Cuatro años de fútbol internacional sin pisar el césped de su propia tierra.
Esa condición, que en el lenguaje burocrático de la UEFA se describe como "sedes neutrales por motivos de seguridad", tiene una dimensión que excede cualquier análisis deportivo. Para los jugadores de Serhiy Rebrov, representar a Ucrania no es solo una cuestión de ranking o de puntos en una tabla. Es un acto de visibilidad en medio de un conflicto que lleva cuatro años devastando su país. Clasificarse al Mundial 2026 —el primero desde Alemania 2006, su única participación— tendría un peso simbólico comparable al que tuvo para Kosovo enfrentar su primer repechaje, pero amplificado por la escala del drama que vive la nación.
El camino de Ucrania: segunda detrás de Francia, primera en resiliencia
En el Grupo D de las eliminatorias europeas, Ucrania terminó segunda con tres victorias, un empate y dos derrotas. Las dos caídas fueron ante Francia, la selección que dominó el grupo con autoridad. Contra el resto —Islandia y Azerbaiyán— el equipo de Rebrov fue superior, con un 5-3 y un 2-0 ante los islandeses y resultados sólidos contra los azeríes, aunque un empate 1-1 en Bakú dejó puntos en el camino.
El dato más llamativo del recorrido ucraniano es quién fue su máximo goleador en la fase de grupos: Oleksiy Hutsulyak, del Polissya, un club ucraniano que no juega en ninguna de las cinco grandes ligas europeas. Tres goles y dos asistencias de un futbolista que la mayoría de aficionados fuera de Ucrania no podría identificar. Eso dice algo sobre la profundidad del plantel, pero también sobre su fragilidad: cuando las estrellas faltan, el sistema tiene que compensar con nombres menos conocidos.
Y esta tarde, las estrellas faltan. Artem Dovbyk, el goleador del Girona que fue Bota de Oro de la pasada Liga española, no estará por lesión. Oleksandr Zinchenko, el cerebro creativo formado en el Manchester City, tampoco. Ruslan Malinovskyi está suspendido. Mykola Matviyenko, capitán y líder defensivo, también es baja. La columna vertebral del equipo está fracturada antes de que el partido comience.
Suecia: cero victorias, un técnico nuevo y Gyökeres como única certeza
Si Ucrania llega mermada, Suecia llega con una crisis de identidad. En el Grupo B de las eliminatorias, el equipo no ganó un solo partido. Cuatro derrotas y dos empates en seis jornadas. Último de su grupo, por detrás de Suiza, Kosovo y Eslovenia. Es el peor registro de los 16 equipos que participan en el repechaje europeo: cuatro goles a favor y doce en contra. Si está aquí, no es por lo que hizo en la eliminatoria, sino por lo que logró en la Nations League 2024-25, donde lideró su grupo y se ganó una plaza adicional.
El fracaso en la fase de grupos costó el puesto a Jon Dahl Tomasson. La Federación sueca apostó por Graham Potter, el técnico inglés que había dirigido al Brighton con elogios y al Chelsea con resultados dispares. Potter llegó con la tarea de reorganizar un equipo que había perdido su identidad táctica y su confianza. No ha tenido partidos oficiales para probar sus ideas: este repechaje es, literalmente, su debut competitivo al frente de Suecia.
La baja más dolorosa es Alexander Isak. El delantero del Liverpool —que había migrado del Newcastle con un traspaso millonario— se fracturó el tobillo y no estará disponible. Isak era el goleador principal, la referencia, el jugador alrededor del cual giraba todo el plan ofensivo sueco. Dejan Kulusevski, del Tottenham, también es baja por una operación de rodilla. Dos de los tres atacantes más importantes de Suecia, fuera.
Lo que queda es Viktor Gyökeres. Y lo que queda no es poco. El delantero del Arsenal —que llegó a Londres desde el Sporting de Lisboa con una cotización estratosférica— lleva 16 goles en todas las competiciones esta temporada con los Gunners. Es potente, vertical, capaz de decidir un partido con un momento de calidad individual. Anthony Elanga, extremo del Newcastle, completa la dupla ofensiva. Lucas Bergvall, joven mediocampista, y Yasin Ayari aportan dinámica en el centro. Victor Lindelöf lidera la defensa con experiencia. Pero la sensación general es que Suecia depende de que Gyökeres tenga una gran noche.
Rebrov contra Potter: dos filosofías, un campo neutral
Serhiy Rebrov ha construido un equipo que sabe sufrir. No es una frase vacía: jugar cada partido oficial lejos de casa durante cuatro años obliga a desarrollar una mentalidad competitiva que pocos equipos necesitan. Ucrania defiende en bloque compacto, transiciona con velocidad y busca explotar los espacios que dejan los rivales cuando se comprometen en ataque. Mykhailo Mudryk, el extremo del Chelsea, es el arma principal en esas transiciones: su velocidad y capacidad de desborde pueden desequilibrar cualquier defensa si encuentra espacio. Viktor Tsygankov, del Girona, aporta criterio y gol desde la banda. Georgiy Sudakov, mediocampista del Shakhtar Donetsk, es el conector entre defensa y ataque.
Sin Dovbyk, la referencia en punta será Vladyslav Vanat, delantero del Girona con menos recorrido internacional. Es una incógnita en un escenario de máxima exigencia. El portero Georgiy Bushchan —o Anatoliy Trubin, del Benfica— será clave si el partido se cierra como se espera.
Potter, por su parte, ha planteado un perfil más directo. Su Suecia busca verticalidad, juego aéreo con Gyökeres como eje y velocidad por las bandas con Elanga y Roony Bardghji, la joven promesa que ya deslumbra en la Bundesliga. Lindelöf e Isak Hien formarán la pareja central. El plan es claro: abastecer a Gyökeres, proteger el centro del campo y aprovechar que Ucrania, sin Matviyenko, tiene vulnerabilidades en la zaga.
El precedente que nadie olvida: Euro 2020, Dovbyk en el 121
Ucrania y Suecia se enfrentaron en los octavos de final de la Eurocopa 2020, disputada en 2021. El partido terminó 1-1 en los 90 minutos. En la prórroga, cuando todo apuntaba a penales, Artem Dovbyk —el mismo que hoy es baja por lesión— marcó en el minuto 121 para clasificar a Ucrania a cuartos de final por primera vez en su historia. Suecia se fue a casa. La imagen de Dovbyk celebrando con los brazos abiertos en Glasgow se convirtió en un momento definidor para el fútbol ucraniano.
Dovbyk no estará esta tarde en Valencia. Pero el recuerdo de aquel gol sí. Y en un partido de eliminación directa, donde las narrativas previas alimentan la confianza o el temor, ese precedente importa más de lo que cualquier análisis táctico puede cuantificar.
Lo que está en juego: el Grupo F y el sueño de veinte años
El ganador de esta semifinal enfrentará el 31 de marzo, también en Valencia, al vencedor de Polonia-Albania. El premio final es un lugar en el Grupo F del Mundial 2026, donde esperan Países Bajos, Japón y Túnez. Es un grupo exigente, pero llegar a él ya sería un logro enorme para cualquiera de los dos.
Para Ucrania, clasificarse significaría volver a un Mundial veinte años después de su única participación. En Alemania 2006, con Andriy Shevchenko como estrella, llegaron a cuartos de final antes de caer ante Italia. Desde entonces, la selección ha vivido repechajes fallidos —perdió la final de la Ruta A para Qatar 2022 contra Gales— y Eurocopas decorosas, pero el Mundial ha sido esquivo. Hacerlo ahora, en medio de una guerra, con sedes neutrales y un plantel diezmado, elevaría la clasificación a la categoría de gesta.
Para Suecia, la motivación es distinta pero igualmente intensa. No juegan un Mundial desde Rusia 2018, donde llegaron a cuartos de final. Fueron eliminados en el repechaje para Qatar 2022 por Polonia. La generación actual —Gyökeres, Elanga, Bergvall— tiene el talento para competir, pero no ha demostrado consistencia. Este repechaje es su oportunidad de validarse.
Noventa minutos en tierra de nadie
El Estadi Ciutat de València albergará esta tarde un partido entre dos selecciones que, por razones distintas, llegan sin la comodidad del hogar. Ucrania porque no puede volver al suyo. Suecia porque no se ganó el derecho a jugar en el propio. El campo neutral iguala las condiciones externas, pero no las internas. Ucrania juega con una motivación que trasciende el fútbol. Suecia juega por reconstruir una identidad competitiva que se desmoronó en la fase de grupos.
Las bajas son devastadoras para ambos bandos. Sin Isak, Kulusevski, Dovbyk, Zinchenko ni Malinovskyi, este no será el partido que pudo haber sido. Será el partido que las circunstancias permitan. Y en ese contexto, donde la calidad individual se reduce, los detalles crecen. Una jugada de Mudryk en transición. Un cabezazo de Gyökeres en el área. Un error defensivo en un momento de presión. Un penalti. Un disparo desde fuera del área que se cuela junto al poste.
Las casas de apuestas lo tienen como el partido más equilibrado de todo el repechaje. Las probabilidades son prácticamente idénticas para los dos equipos. Nadie sabe qué pasará. Lo único seguro es que para Ucrania, cada partido con la camiseta amarilla y azul es algo más que fútbol. Y en Valencia, esta tarde, noventa minutos podrían devolver a todo un país un motivo de celebración que lleva veinte años esperando.


