Hay un dato que se repite poco en las últimas horas y que explica mejor que cualquier otro la magnitud de lo que está pasando en Tigres: Víctor Manuel Vucetich ya dirigió a este club dos veces antes de convertirse en el técnico más ganador de Rayados. Llegó por primera vez en octubre de 1995 y se fue con una Copa México bajo el brazo. Volvió en septiembre de 1999 y se quedó hasta junio del año siguiente. Sesenta y siete partidos oficiales repartidos en esas dos etapas, tres victorias sobre Monterrey en el Clásico Regio vestido de rayado y felino a la vez. Todo eso ocurrió antes de que construyera, ya del otro lado de la ciudad, dos títulos de Liga, un tricampeonato de Concachampions y una Interliga que lo volvieron una institución en Rayados.
Esta noche, a las 19:00 horas en el estadio Universitario, Vucetich empieza su tercer acto en Tigres. Pero esta vez el cargo no se parece a nada de lo anterior: es vicepresidente deportivo del club y, de manera simultánea y temporal, entrenador del primer equipo. Nunca antes había tenido este nivel de control sobre una institución con la que tiene, en sus propias palabras, "un saldo pendiente".
Una salida incómoda y una decisión de cuatro meses
El nombramiento no salió de la nada ni fue una reacción de urgencia pura, aunque así lo parezca desde afuera. Según reconstruyó el propio Vucetich, las negociaciones con la directiva llevaban entre cuatro y seis meses en marcha antes del anuncio oficial. Quien no sobrevivió al desenlace fue Gerardo Torrado, hasta entonces vicepresidente deportivo, apartado del proceso justo antes de la reunión decisiva con el presidente Mauricio Doehner y Carlos Emilio González. La salida se presentó puertas afuera como cordial, pero versiones dentro del club apuntan a que Torrado se fue inconforme por no haber sido convocado a esa mesa final. Su gestión, dicen esas mismas versiones, dejó competitividad pero ningún título, y con un fichaje pendiente —un delantero centro— que nunca llegó a cerrarse.
En el banquillo, el camino hasta Vucetich tampoco fue directo. Guido Pizarro había arrancado el torneo al mando del equipo, pero su salida obligó a un interinato exprés de Hernán Elizondo, quien sostuvo al primer equipo durante la Leagues Cup y dos jornadas del Apertura antes de ceder el timón. Elizondo regresa ahora al Sub-21, y Carlos Turribartes continúa como asistente, la única pieza de continuidad visible en un cuerpo técnico que ha cambiado de nombre tres veces en pocas semanas.
El peor arranque de Tigres en años
El contexto futbolístico que recibe Vucetich no admite matices: Tigres llega a esta jornada 5 en el lugar 16 de la tabla general, con apenas un punto de doce posibles y una diferencia de goles de -4. No ha ganado un solo partido en el torneo. La gota que derramó el vaso fue la derrota 2-1 ante Atlas, resultado que aceleró los movimientos que ya se cocinaban puertas adentro y que terminaron por sacar a Torrado y sentar a Vucetich en el banquillo la misma semana.
Enfrente estará un Atlante que, sin ser una potencia, llega en mejor forma relativa: decimocuarto lugar con cinco unidades, tras un empate sin goles ante Toluca que le dejó una imagen ordenada, sin fisuras evidentes. Lo dirige Miguel "Piojo" Herrera, un técnico que conoce el paño de Liga MX tan bien como el propio Vucetich y que no tendrá ningún problema en plantear un partido de espera si el marcador se lo permite. Para un Tigres desesperado por sumar de a tres, ese guion es exactamente el que no necesita.
El peso simbólico de cruzar la ciudad
Puertas afuera del estadio, la narrativa dominante es otra: la de un hombre que hizo de Rayados una potencia continental y que ahora, ya entrado en años pero con el mismo perfil autoritario de siempre, se pasa al otro lado del área metropolitana. Algunos medios locales ya lo han descrito como una traición; otros, como el cierre de un círculo que en realidad empezó en Tigres y no en Rayados, algo que el propio historial de Vucetich desmiente a quien quiera prestarle atención. Antes de ser el técnico más laureado de la historia albiazul, fue, dos veces, entrenador felino.
Ese dato no es simple curiosidad de archivo: es la pieza que explica por qué la directiva de Tigres confía en que este no es un mercenario cruzando fronteras por conveniencia, sino alguien que conoce la institución desde dentro, incluso si su leyenda se terminó de construir con la playera rival. La pregunta que nadie puede responder todavía es si ese conocimiento histórico alcanza para resolver un problema que hoy es, sobre todo, de gestión de plantilla y de urgencia inmediata en la tabla.
Lo que viene
Con solo ocho lugares de liguilla disponibles y apenas tres puntos de diferencia entre el séptimo lugar y la cima, cada unidad que Tigres deje de sumar esta noche pesa más de lo habitual. Un interinato que, según el propio Vucetich, "se va a seguir evaluando" sin plazos fijos, tiene esta noche su primer examen real: no hay margen para otro arranque en blanco. Si Tigres no gana ante Atlante, la conversación en Monterrey dejará de ser sobre el regreso simbólico de una leyenda y pasará, sin escalas, a ser sobre una crisis que ya lleva cinco jornadas sin resolverse.
